domingo, 29 de marzo de 2015

La bestialidad humana como motivo para la risa.


 A mis queridos amigos Galpincheros (unos más que otros), 
con los que compartí esta genial película y gracias a quienes supe que existía.

    El cine argentino lleva décadas destacando en la producción latinoamericana con sus obras, año a año, entregando títulos que destacan tanto en lo artístico, como en lo técnico.  La calidad de sus películas y la cantidad de ellas producidas de manera anual, solo tiene en la zona la “competencia” de México y Brasil, los otros dos países que brillan en esta zona del continente al respecto.
    De entre la vasta cantidad de filmes provenientes de la tierra de los gauchos, el dulce de leche y la patria adoptiva de Carlitos Gardel, se encuentra uno más que interesante y en especial por su particular factura, no habitual en estas latitudes.  Esto es porque Relatos Salvajes, estrenada tan solo el año pasado, está armada en base a 6 historias reunidas y autoconclusivas; cada una de estas, si bien no poseen una conexión argumental entre sí,  comparten una temática y un estilo en común: con mucho humor negro, tratan acerca de lo que sucede cuando ante una situación límite, perdemos la armadura de nuestra racionalidad y nos comportamos como meros animales instintivos  (bueno, los chilenos, con orgullo contamos con unas cuantas cintas armadas en base a episodios, entre las que vale la pena ver Historias de Fútbol y El Chacotero Sentimental).  Escrita y dirigida en todos sus segmentos por Damián Szifrón, de inmediato acaparó la atención no solo de su país, convirtiéndose en todo un éxito comercial y de crítica, a tal punto de ser nominada como Mejor Película Extranjera en los populares Premios Oscar, además de estar considerada en otros certámenes cinematográficos de mayor peso artístico (ganando varios galardones, por cierto).  La película considerando sus características, contó con una serie de actores trasandinos correspondientes a varias generaciones de entre sus histriones, quienes supieron insuflarle tal vitalidad a sus relatos a cargo, que tras terminar un episodio,  el siguiente hacía imposible que el espectador echara de menos el cortometraje anterior.  Entre sus intérpretes no podía faltar Ricardo Darín, habitual en la mayoría de las películas más importantes de su nación, quien en esta ocasión demostró su talento para personificar a un sujeto lejano a las trágicas circunstancias de sus personajes de otros filmes pampinos, como El Aura y El Secreto de sus Ojos.  Esta obra maestra a su vez contó con el apoyo musical de un artista de la talla de Gustavo Santaolalla, quien ante la belleza de sus partituras, desde hace rato ha sido llamado por Hollywood para trabajar en el país del Norte; a su vez el artista ya cuenta con una inmensa discografía, entre las que se incluyen sus trabajos independientes al séptimo arte, como sus bandas sonoras.
    Tal como se afirmó arriba, los distintos apartados que componen este título, abordan el tema de la violencia humana, cuando sale a flote nuestra naturaleza animal.  Es así como de manera muy inteligente, tras su primer episodio a manera de prólogo de todo lo que vendrá, en los créditos iniciales se muestran a varias criaturas propias de la selva; todos ellos en poses que dejan claro la lucha por la supervivencia, entre cazadores y presas respectivamente.  Como se trata de una cinta que no pretende hacer crítica social (por lo menos para nada de una forma evidente, ya que no cae en los temas recurrentes del cine latinoamericano, como la pobreza, las luchas sociales y la política, entre otros) lo que aquí importa es entretener burlándose de nosotros mismos.  El humor ácido que se evidencia en sus argumentos, aborda la idea de que basta cualquier elemento que nos saque de nuestras casillas, como para que actuemos tal cual bestias; de este modo sus protagonistas ante las circunstancias que sacan a flote su animalidad, no tienen vergüenza en actuar haciendo uso de cualquier herramienta para defenderse (o vengarse) de sus enemigos.  Es entonces que el espectador se ve frente a una obra que llega a tomar ribetes de caricatura, casi al estilo de los cartoons del Correcaminos y el Coyote, pues muchas veces sus personajes se las dan de golpes de una manera muy física y brutal, aunque siempre cayendo en el ridículo, lo que provoca la carcajada y el asombro ante lo grotesco de la situación.   Por otro lado la apariencia de sus personajes, juega a la hora de mostrar el rápido cambio de sujetos civilizados a verdaderos trogloditas, ya que en su mayoría se trata de sujetos de posición acomodada, sofisticados culturalmente, que de un momento a otro dejan de lado su moralidad, para hacer las cosas más extraordinariamente deplorables (y aun así graciosas).  Por lo tanto no importan las convenciones sociales, ni diferencias culturales, ni de sexo, ni de edad…Todos somos a la larga esclavos de nuestro lado animal (o más bien escogemos sin vacilaciones pasar de la cordura a la irracionalidad).

    Pasternak corresponde al relato que introduce todo en la película, ambientándose nada menos que dentro de un avión comercial y donde varios sujetos entre sí, a raíz de una charla entre dos de ellos, se dan cuenta que guardan un desgraciado nexo en común.  Asimismo el diálogo entre quienes poco a poco van descubriendo por qué razón se encuentran juntos, en su progresión se vuelve cada vez más irrisoria y surrealista, hasta convertirse en el punto de partida ideal de todo el resto.  Su escena final, donde ahora es posible ver todo desde el exterior del vehículo, permite contemplar el efecto del plan de quien había orquestado este encuentro entre perfectos desconocidos, comprobando que desde hace rato el cine argentino, se encuentra a la altura de lo mejor del cine internacional.  
     Las Ratas comienza como una narración que pareciera estar marcada por el drama.  A un restaurant aislado en medio de la carretera y en plena noche, llega un solitario empresario, quien quizás resulta ser el cliente más detestable que les haya tocado atender a las dos mujeres que allí trabajan.  Una de ellas, la mesera, lo reconoce como al culpable de que su familia se haya desmoronado, confesándole esto a su compañera y quien le propone envenenar al sujeto.  Si bien la fémina se niega a realizar este acto de venganza, las cosas no le resultan tal como desea y al final todo se va al infierno.  La acción de la cocinera en la cinta, bien podría querernos decir que no hay como el odio de una dama, para dañar sin vacilaciones a un hombre y más todavía si este en realidad se merece su desprecio.  El nombre del episodio no puede resumir mejor el sentido infame, que muchas veces puede tener la vida y en la cual los seres humanos en muchas ocasiones pierden toda dignidad, siendo criaturas rastreras y de poco valor.
    El más Fuerte resulta mucho más gracioso que el caso anterior, quizás por sus aires propios de la comedia del absurdo.  Un exitoso y regio hombre de negocios realiza un viaje en su automóvil, cuando se encuentra con un carro mucho más sencillo que el suyo, cuyo conductor le obstaculiza al parecer de adrede el paso en más de una ocasión; de este modo el molesto conductor termina insultándolo, para luego seguir su camino ya aliviado de su malestar.  Es entonces que para su mala suerte se le echa a perder el automóvil y una vez más se vuelve a encontrar con su “adversario”, quien se baja de su carro para escarmentarlo por los improperios que le dijo.  Comienza así una serie de enfrentamientos físicos en la tradición del cine gringo cómico  más idiota, entre ambos “machos alfa”, que aparentemente nada tienen entre sí, pero que a la larga resultan ser, como dice el dicho, “cortados por la misma tijera”.  Este segmento resulta ser lo más bizarro, escatológico y esperpéntico de todo el resto del filme.
    Bombita es donde uno puede apreciar al ya mencionado Ricardo Darín, en un papel suyo muy cómico.  Un experto en demoliciones con explosivos se ve enfrentado a la mala suerte, cuando lo que se suponía debía ser un gran día para él y su familia, lo que se transforma en toda una pesadilla.  Mientras hace un trámite que no debía ocuparle mayor tiempo, se ve obligado a recurrir a la burocracia para recuperar su auto, que se lo llevan las autoridades por haberlo estacionado mal al parecer; cuando se dispone a recuperarlo por la vía legal, una serie de desafortunados eventos lo llevan a la desesperación, haciéndole perder su matrimonio que ya estaba en crisis y su trabajo.  Es cuando decide tomar cartas en el asunto, aunque para ello escoge el método que mejor conoce y donde una vez más el tema de la venganza cobra un nuevo sentido en esta película.  A diferencia del resto de las historias que aquí se cuentan, lo que lleva a este personaje a realizar sus actos de violencia, radica más bien en un sentimiento de impotencia y desprecio por el orden preestablecido de las cosas (aquí simbolizados en los organismos sociales de la Ley humana), que lo convierten en una particular víctima de las circunstancias.
    La Propuesta al parecer corresponde a la verdadera historia dramática del conjunto, puesto que comienza como toda una tragedia: el único hijo de un matrimonio de millonarios, atropella a una mujer embarazada mientras se encontraba en estado de ebriedad y más encima deja a su suerte a las víctimas, quienes fallecen a raíz de las heridas.  Sus progenitores al enterarse de todo, deciden ayudarlo a escapar de la justicia, si bien en un principio el padre se encuentra de lo más reticente a cometer este nuevo delito, pues ya se encuentra aburrido de las irresponsabilidades de su unigénito; no obstante termina haciendo uso de sus influencias para cubrir la verdad, pagando de su pecunia al experto que descubre el engaño y convenciendo a un humilde empleado suyo para que se haga pasar como el culpable, a cambio de uno que otro acuerdo.  En un principio el hijo no puede llegar a ser más detestable, retratado como todo un pusilánime, hasta que luego su actitud cambia.  El segmento muestra con la ironía habitual de la película, que cualquiera tiene su precio, incluso los que aparentan corrección moral, de modo que resulta ser el dinero quién manda a la hora de tomar las decisiones.  Cada vez que los personajes demuestran que ante el real dolor es más poderoso “don dinero”, el sentido del ridículo tras sus reacciones hace notar lo peor de nosotros mismos (aunque sin dejar de lado la risa para desenmascararnos)

    Hasta que la muerte nos separe es sin dudas la mejor parte de esta esta joyita que es Relatos Salvajes.  Trata de una joven pareja a las puertas de casarse, en medio de la formidable ceremonia junto a los suyos, de modo que todo pareciera ir de maravilla…Hasta que la novia descubre por accidente que su futuro marido tiene una aventura amorosa con una de las invitadas, lo que la lleva a actuar como toda la bestia que en realidad es, atacando a la amante y, por supuesto, a su prometido.  De este modo lo que debía ser algo formidable para todos, se transforma en un escándalo que implicará al resto de los invitados y a quienes trabajan en el centro de eventos donde tendría que haberse llevado a cabo la boda.  Si Las Ratas mostraba ya la pasión con la que una mujer puede odiar, mientras que El más Fuerte representaba en forma caricaturesca la lucha física entre dos hombres convertidos en cavernícolas, en esta ocasión es posible ver a la dama en cuestión convertida en toda una arpía y/o “perra” (si bien razones no le faltan para su actuar); de este modo al novio no le queda otra que atenerse a las consecuencias de su traición, siendo que uno de los momentos más geniales de todo esto, viene a ser cuando cae en las manos (garras) de su prometida y ante su aparente varonil figura queda convertido en un guiñapo humano.  Otro momento para no olvidar este corto, es cuando lo que pareciera ser un instante de verdadera emotividad, pasa a ser algo tan gracioso, por cuanto demuestra que tras las bellas palabras y la supuesta buena voluntad, no somos otra cosas que instintos y lujuria.  Por último, el desenlace no deja de sorprender, ya que al parecer el mismo remedio para que todo termine bien, vendría a ser atender a ese lado salvaje que tantos problemas trajo a sus protagonistas.

domingo, 22 de marzo de 2015

El formidable regreso al “Pulp Fiction” de Stephen King.


     Hard Case Crime es una pequeña editorial estadounidense, famosa por publicar novelas originales de suspenso y policiales, en preciosas ediciones en formato de bolsillo y tapa blanda; a través de sus títulos, su intención es la de emular, apoyados además por sus portadas retro, las viejas colecciones del género que se vendían en los kioscos de antaño a muy bajo precio y en papel de baja calidad (estas eran las llamadas pulp fiction).  Era de suponer que un escritor amante de la literatura de “masas” como esta, cual Stephen King, no dudara en sumarse al proyecto de la mencionada compañía.  En 2005 el autor de Cementerio de Animales y de Salem´s Lot tuvo su primera incursión en el proyecto de esta empresa, con Colorado Kid, novela que debido a su éxito tiene incluso una muy especial adaptación en formato de serie de televisión, que ya va en su quinta temporada.   En 2013 el llamado “Rey del Terror” realizó su último aporte a la fecha para Hard Case Crime, con una segunda obra; esta nueva joyita suya, para muchos resulta mucho mejor que la que le precedió, en especial por su carácter tan emotivo, algo no tan habitual en las narraciones sobre crímenes (aunque sí muy propio de su autor).  El nombre de este libro es Joyland, el cual en sus casi 300  páginas de extensión (lo que es poco en un título del señor King, aunque sí corresponde al tamaño habitual de estas “novelitas” de bolsillo) va mucho más allá del misterio policial, para narrar una trama acerca de la inocencia de la vida, la amistad y las maravillas que posee el mundo mismo.
    A diferencia de muchos otros textos de Stephen King, su argumento no transcurre en su Maine natal, sino que en Carolina del Norte, ambientándolo además en el año de 1973, mientras su protagonista posee unos significativos 21 años (cabe recordar que para muchos países, es recién pasadas las dos décadas de vida, que sus ciudadanos alcanzan la mayoría de edad o al menos eso era antes de que se consideraran los 18 como la nueva edad tope, del paso de la infancia y/o adolescencia a la adultez).  Como en otras ocasiones en la pluma de este autor, el personaje principal oficia de narrador, tras largo tiempo pasado desde sus aventuras, todo a manera de remembranzas.  Devin Jones es un estudiante universitario de Literatura o cualquier otra rama de las Humanidades ligado a ella, quien durante la temporada estival arrienda un cuarto en una pensión, mientras para ganar algo de dinero se dedica a trabajar en un parque de atracciones, donde le toca prácticamente hacer de todo (desde hacer mantenimientos a los juegos, hasta “vestir las pieles”, o sea, ponerse el caluroso traje del perro mascota del lugar, entre otras actividades).   El parque se llama justamente Joyland y pese a su aire festivo, guarda un oscuro secreto: unos años atrás una jovencita fue asesinada en su Casa Embrujada, en circunstancias que nunca pudieron ser dilucidadas; a su vez se dice que dentro de sus muros el fantasma de la víctima se aparece, idea que acapara la atención del muchacho, quien comienza a investigar ayudado por una amiga para descubrir el misterio, además de intentar encontrarse con el espíritu del lugar.  Entre medio, Devin conoce a un adorable niño de 10 años, quien tiene una enfermedad terminal, lo que lleva a nuestro héroe a querer hacerle el más grande regalo de su vida: tener para él solo y su madre Joyland durante unas cuantas horas.

    Conocido es de parte de Stephen King su aprecio y admiración por muchos de sus colegas, entre quienes le antecedieron y sus contemporáneos, a los cuales una y otra vez les ha rendido tributo (directo e indirecto) en numerosos de sus trabajos.  Pues en el caso concreto de este libro suyo, abundan sus constantes referencias a la literatura, desfilando entre sus páginas (una vez más) Charles Dickens, Sir Arthur Conan Doyle y su célebre Sherlock Holmes, Tolkien y El Señor de los Anillos, Lovecraft con sus horrores cósmicos, J. K. Rowling y su Harry Potter.  No obstante al autor a quien en este caso concreto, ya sea de adrede o no, el padre de Carrie le hace un sentido homenaje es a Ray Bradbury: Entre las novelas de este último señor de las letras, se encuentra su nostálgico libro El Vino del Estío, texto que transcurre durante las vacaciones de verano de su niño protagonista, quien vive un montón de aventuras y es testigo de otras, rodeado de sus vecinos, muchos de ellos personajes entrañables por la singular forma en que los caracteriza su autor, quien además los dota de una imagen idealizada, donde abundan las buenas intenciones y la alegría de vivir; asimismo esta obra resulta ser un retrato acerca de los últimos días de la inocencia o al menos una fotografía acerca de esta etapa de la vida, que bien se sabe que en algún momento acabará.  Pues Devin Jones en un momento de su narración afirma que este fue el último verano de su infancia, pues luego de los acontecimientos que le tocó vivir durante ese tiempo, por supuesto que sale cambiado (aunque no para mal); además se encuentra el hecho de que cuando llega el universitario a su nuevo hogar durante este periodo, todavía es virgen, cualidad que marca su personalidad y esencia, de modo que cuando por fin se convierte en todo un hombre (y no solo por el hecho de conocer mujer), como el Héroe de las Mil Caras de Campbell, ha ganado un conocimiento y/o atributo que le otorga una sabiduría que antes no poseía.   Por otro lado, y en el tono más “bradburyano” de la palabra, nuestro joven aspirante a escritor se ve rodeado de un montón de gente tanto o más noble que él, desde la casi maternal dueña de la casa que le arrienda su cuarto, hasta sus jefes y compañeros de trabajo, pasando por quienes llegan a hacerse sus amigos; por lo tanto Joyland y sus alrededores (que corresponden a un muy querido recuerdo para Devin Jones, quien ahora ya es un anciano)  resultan ser el paisaje adecuado para despedir esos años de juventud, pese a que en ellos anida el mal, escondido y a la espera de poder salir de nuevo a hacer de las suyas.
     Tal como en varios de sus trabajos más clásicos, entre los que se pueden mencionar Ojos de Fuego, La Zona Muerta y El Resplandor, Stephen King introduce el elemento sobrenatural, maravilloso y fantástico en Joyland, con una verosimilitud que muchos otros autores quisieran poseer.  Si bien los hechos de este tipo en la novelita en cuestión, se presentan de forma mucha más sutil que en los otros textos mencionados, cuando hacen su intervención regalan al lector de esos momentos tan de King, que sus “lectores constantes” gozamos como verdaderos niños. 

    —Una sombra se cierne sobre ti, joven —anunció.
     Bajé la mirada y vi que tenía toda la razón. La sombra de la Carolina Spin caía sobre mí. Sobre ambos.
     —Esa no, idiotinik. Sobre tu futuro. Vas a tener hambre.
     Ya me gruñía el estómago, pero pronto daría buena cuenta de un bocata Pup-A-Licious.
     —Muy interesante, señora… eh…
     —Rosalina Gold —dijo al tiempo que alargaba la mano—, aunque puedes llamarme Rozzie. Todo el mundo lo hace. Pero durante la temporada… —Se metió en su personaje; era como Bela Lugosi pero con pechos—. Diurrante la temporrada, yio… soy… ¡Forrtuna!
     Le estreché la mano. Si hubiera estado disfrazada de su personaje, media docena de pulseras doradas habrían tintineado en su muñeca.
     —Encantado de conocerla. —Y tratando de imitar su acento, dije—: Yio… soy… ¡Devin!
     No le hizo gracia.
     — ¿Es un nombre irlandés?
     —Correcto.
     —Los irlandeses están llenos de pesar y muchos tienen la visión. No sé si es tu caso, pero conocerás a alguien que sí la tiene.
     En realidad me encontraba rebosante de alegría… además de abrigar ese incomparable deseo de engullir un perrito Pup-A-Licious, preferiblemente bien cargado de chile. La experiencia de aquel día se me antojaba una aventura. Me dije que probablemente esa sensación disminuiría cuando estuviera fregando los lavabos al final de un día concurrido o limpiando vomitonas de los asientos en el Remolino, pero en aquel momento todo parecía perfecto.
     — ¿Está usted practicando su número?
     Se enderezó cuan larga era; mediría alrededor de un metro cincuenta y cinco.
     —No es número, muchachito. —Pronunció niúmerro—. Los judíos son la raza psíquicamente más sensible de la tierra. Todo el mundo lo sabe. —Abandonó el acento—. Además, Joyland es mucho mejor que montar un local de quiromancia en la Segunda Avenida. Con pesar o sin él, me gustas. Desprendes buenas vibraciones.
     —«Good vibrations», una de mis canciones favoritas de los Beach Boys.
     —Pero estás al borde de un gran pesar. —Se calló, el viejo truco para dar énfasis—. Y, tal vez, peligro.
     — ¿Ve una mujer hermosa con el pelo negro en mi futuro? —Wendy era una mujer hermosa con el pelo negro.
     —No —respondió Rozzie, y lo que añadió a continuación me dejó paralizado—. Está en tu pasado.
    Entendido.
    La esquivé y me dirigí al puesto de perritos, procurando ni siquiera rozarla. Era una charlatana, no me cabía la menor duda, pero aun así, tocarla en aquel momento me parecía una idea pésima.
     No sirvió de nada. Echó a andar a mi lado.
     —En tu futuro hay una niña y un niño pequeños. El chico tiene un perro.
     —Un Perro Feliz, seguro. A lo mejor se llama Howie.
     Prestó oídos sordos a este último intento de frivolidad.
     —La niña tiene puesta una gorra roja y lleva una muñeca. Uno de los dos posee la visión, pero no sé cuál. No alcanzo a verlo.
     Apenas oí esa última parte de su discurso. Pensaba en su declaración previa, emitida en un acento plano de Brooklyn: Está en tu pasado.
     Madame Fortuna, según descubrí, se equivocaba muchas veces, pero sí que parecía poseer una auténtica capacidad psíquica, y el día en que me entrevistaron para el trabajo estival en Joyland, la pitonisa carburaba a toda máquina”.

   
Llamativo resulta ser que su protagonista pese a su enorme deseo de encontrarse con el fantasma y contar con dos personas que poseen sin duda el “don”, nunca llega a encontrarse directamente con la presencia del mundo sobrenatural, salvo cuando por fin es “liberada” la especial habitante de la Casa Embrujada y durante algunos de sus diálogos con quiénes sí tienen acceso a esta otra realidad.  De este modo nuestro querible muchacho destaca más por su “normalidad”, que es donde radica su belleza como persona, ya que ello es lo que lo mueve a convertirse en un sujeto admirable, o sea, a realizar sus actos propios de alguien de su edad y de un corazón grande como el de un león (parafraseando al mismo King, en su igualmente preciosa novela Corazones en la Atlántida); todo ello lo enaltece por su manera de entregar amor y superar sus propias cuitas de forma tan real.
     Otro detalle que destaca en la novela, es el lenguaje utilizado en ella, ya que como en muchas ocasiones a lo largo de su carrera, el artista alterna entre un lenguaje bastante informal (en especial durante los diálogos), donde abundan los términos propios de la lengua coloquial y que en su versión en español para los lectores latinoamericanos pueden ser engorrosos, con una narración mucho más culta e incluso poética.  Esta técnica permite dotar a sus personajes de la credibilidad, que los hace tan cercanos en la cotidianeidad de sus discursos y conducta.
     Quien esperara hallar en Joyland al escritor gore y macabro de muchos de sus otros relatos, bien puede llevarse una decepción; no obstante aquel que quiere reencontrarse con el King más humano y sensible, bien puede ser que llegue a emocionarse hasta las lágrimas en más de una ocasión, como cuando por primera vez Devin “viste las pieles”, realiza una muy sentida visita a un colega al hospital o, por último, durante su última conversación con la maravillosa dama que lo convirtió en un hombre nuevo.

viernes, 20 de marzo de 2015

La verdad detrás de las historias.



    Ang Lee es un respetado director coreano reconocido mundialmente, el cual tiene a su haber una importante filmografía y con la que ha demostrado no solo su enorme talento, sino que también una versatilidad como pocos de sus colegas, a la hora de realizar cintas de diferentes géneros: comedias, romances, históricas, westerns, artes marciales épicas, superhéroes, etc.  Su cine logró acaparar la atención pública internacional, convirtiéndolo quizás en todo un prócer entre sus compatriotas cineastas, al conseguir que las producciones cinematográficas coreanas trascendieran sus fronteras; de este modo sus filmes El Banquete de Bodas (1993) y Comer, Beber y Amar (1994), demostraron sin duda que se estaba frente a uno de esos artísticas que harían historia.   La primera de ellas trata acerca de una joven pareja gay multirracial, coreano y estadounidense respectivamente, quienes viven en USA y reciben la visita de los padres del asiático, los cuales ignoran la orientación sexual de su hijo; debido a esta razón deciden “inventarse” un matrimonio heterosexual, lo que provoca más de una situación graciosa y una que otra sorpresa.  El filme a su vez permitió abordar entre otros temas la identidad a través de la tradición y la modernidad (tratando estas dos vertientes en el encuentro entre mundos tan distintos como los ya mencionados: la ancestral Corea y Estados Unidos), como asimismo llevar a colación por primera vez en su carrera la homosexualidad masculina, temática que luego repetiría en uno de sus títulos más famosos.  En cuanto a su siguiente película, tal como dice su nombre, dicho trabajo acusa la importancia de la comida en nuestras vidas, al punto de definir nuestra conducta y/o personalidad.   Este díptico suyo propició que Hollywood fijara su atención en Lee y de ese modo su primer largometraje fue nada menos que Sensatez y Sentimientos (1995), una de las mejores adaptaciones de una obra de Jane Austen y en la que actuaron un gran número de astros ingleses, además de contar con una de las bandas sonoras más hermosas de Patrick Doyle.   Su siguiente trabajo, si bien no deja de ser interesante, resulta ser de menor impacto que el resto de sus películas: La Tormenta de Hielo (1997), donde la decadencia de una familia acomodada estadounidense durante la década de los setenta, refleja los propios conflictos políticos y sociales de su país.  Luego le siguió Cabalgando con el Diablo (1999), su segundo filme junto a Tobey Maguire tras el anterior.   Su siguiente labor para el séptimo arte, si es que no es con seguridad su mejor contribución a este, se encuentra entre lo más destacado suyo y de las obras maestras de la cinematografía: El Tigre y el Dragón (2000), película histórica de artes marciales con algunas de las mejores escenas de pelea cuerpo a cuerpo y una fotografía impresionante, más una dirección de arte soberbia, hecha por encargo para el gobierno Chino y que maravilló a todo el mundo.  Tras este gran éxito suyo de público y crítica, realizó para dicha de los seguidores del universo marvelita Hulk (2003), gracias al cual por primera vez su pudo ver al gigante esmeralda en imagen real, tal como por muchos años sus fanáticos lo esperaron; no obstante su interpretación algo sesuda y psicologista sobre un perturbado Bruce Banner y sus conflictos freudianos con su padre, para algunos resultó difícil de digerir.  Secreto en la Montaña (2005) sería su posterior largometraje, siendo considerado además entre lo más óptimo y célebre de su carrera; su trágica historia de amor gay entre dos vaqueros, fue quizás la primera cinta hollywoodense en abordar el tema de la homosexualidad, dejando de lado los rancios estereotipos al respecto.   Lust, Caution (2007) corresponde a una coproducción entre varios países asiáticos y USA, mientras que Taking Woodstock (2009), viene a  ser otra de sus incursiones hollywoodenses, la que tal como dice sus nombre, se encuentra ambientada en pleno festival de música rock hippie.
     Cuatro años se demoró en realizar y por fin estrenar su último filme a la fecha, La Vida de Pi (conocida en estas costas como Una Aventura Extraordinaria), el cual tras su largo paréntesis entre este y su anterior cinta, lo volvió a poner en la escena pública, como a uno de los directores vivos más dotados.  Como muchas de sus obras, se encuentra basada en una obra literaria, en este caso en la novela homónima del autor canadiense  Yann Martel.  Su historia es la siguiente:
    
Pi, quien en realidad se llama Piscine Molitor (debido a una famosa piscina francesa), es un chico que gracias a su astucia consiguió que todo el mundo lo llamara así, para evitar la vergüenza de su apodo (que hacía referencia a la orina), debido a tan singular nombre.  Desde pequeño el muchacho demostró una personalidad única, en especial por su estrecha relación con Dios, a quien descubrió a través de más de una religión, de modo que a partir de entonces comenzó a adorarlo en muchas de sus manifestaciones.  El filme comienza cuando Pi ya es un hombre mayor, quien hace muchos años ya había dejado su tierra natal de la India.  Un día llega hasta su puerta un joven escritor, quien es enviado por un querido tío suyo para que le cuente su experiencia de vida, que se supone le podría devolver la fe religiosa que perdió y lo que además podría inspirarlo para crear una nueva novela, tras su fracaso como narrador.  Lo que le cuenta Pi y que es dramatizado de una forma impresionante a lo largo de casi dos horas, sin dudas logra impactar en los corazones del oyente y en los del público.
    La familia del protagonista tenía un hermoso zoológico, lleno de numerosos animales, algunos de ellos bastante exóticos.  De entre las bestias que vivían en el lugar, la que más acaparaba su atención por su belleza y el peligro que implicaba, era su único tigre, Richard Parker, el cual por una razón bastante anecdótica recibió ese nombre.  Cuando el país comenzó a pasar por una crisis social, la familia de Pi decidió vender todos sus animales y para eso juntos emprendieron un viaje en barco, donde iban acompañados de todos ellos.  Las cosas iban bien hasta que una tormenta se desató y Pi se convirtió en el único sobreviviente…humano de la nave, puesto que de la manera más increíble, le tocó compartir su salvación junto a tres criaturas, entre ellas el gran felino.  Tras una serie de incidentes, al final solo el niño y el tigre se quedaron en el bote, si bien debido a la naturaleza salvaje de la bestia, Pi tuvo que ingeniárselas para que Richard Parker no lo comiera, creando con los medios que tenía una embarcación anexa y donde pudiese ir sin peligro de ser devorado.   Mucho pasaron juntos antes de que por fin llegaran a tierra y es así cómo el relato de todo esto, se convirtió en uno de los historias más fabulosas y emotivos acerca del camino a la madurez.
      En el filme la relación entre el chico y el animal resulta fundamental para retratar varios aspectos de nuestra humanidad: En más de una ocasión se dice a lo largo de su metraje que fue el mismo miedo al tigre, lo que llevó a Pi a mantenerse alerta y sobrevivir aún en las circunstancias más difíciles; de este modo Richard Parker en toda su belleza feral representa sin vacilaciones el instinto y la fuerza de voluntad, que pueden llevarnos a realizar los actos más inesperados, de modo de conseguir nuestros objetivos.  El mismo hecho de que posea nombre de persona, lo antropomorfiza a tal punto, que la narración carecería de buena parte de su impacto, si este no estuviera presente.  Los diálogos que mantiene el joven con el animal, como algo de lo más normal y que le permiten exteriorizar muchos de sus pensamientos y emociones, resultan ser en la película un elemento clave para apreciar el talante de la dependencia entre los dos náufragos y a su vez conocer mejor a Pi; la bestia nunca habla (pues en el mundo real no lo hacen, si bien en más de una ocasión la película nos engaña haciéndonos creer que esto pasará), no obstante aun cuando siempre se comporta como el felino que es, queda clara su condición especial como una criatura que en verdad tiene alma (según palabras del propio Pi). El tigre durante largo tiempo se convierte en la única compañía de Pi, quien pese al miedo que le provoca lo ama y por ello termina agradeciéndole la influencia que tuvo en su existencia, como para convertirlo en todo un sobreviviente; de este modo es que en muchas ocasiones son los grandes infortunios, como la desgracia de su familia y la inevitabilidad de hacer el viaje junto a Richard Parker, los que en realidad nos hacen crecer y hacen surgir a quién realmente somos…Y como dice el dicho (de puño y letra del mismo Nietzsche): Lo que no me mata, me hace más fuerte.
     La naturaleza en todo su esplendor cumple un papel fundamental para apreciar el significado de su mensaje.  Partiendo por los primeros años de nuestro héroe en el zoológico de sus padres, donde aprendió a amar lo que lo rodeaba y en parte gracias al cariñoso modelo de su familia; a su vez a Pi vive privilegiado en una zona llena de vida, donde el verde y el café de la abundante vegetación están por todos lados (así como el resto de sus colores), como asimismo una gran espiritualidad tan de su pueblo, forman parte del legado del personaje y que a lo largo de toda la cinta se hará ver.  Como si fuera un pequeño Adán,  Pi reconoce y llama por su nombre a todas las criaturas del zoológico de sus progenitores, de este modo los nombres son significativos en el filme, porque permiten que no solo Richard Parker tenga verdadera preeminencia en él, sino que también los otros seres vivos con los que tuvo que compartir su bote (aunque fuese solo por un breve periodo); a su vez tal como sería revelado hacia el final de esta historia, ellos bien podían ser más que lo que aparentaban en primera instancia (cabe recordar que la elección del protagonista por hacerse llamar Pi y lograr que todo el mundo aceptase su autobautizmo, demuestra el poder que tienen los nombres para crear realidad y reafirmarnos como seres humanos).  Una vez que el adolescente inicia su odisea para regresar a la civilización, se abre ante él toda la belleza de la naturaleza, siendo que además el mismo mar viene a ser nada menos que la cuna de la vida; de este modo, Pi logrará ser testigo como nadie de las maravillas que hay a nuestro alrededor.  Cada expresión de la biodiversidad y de los distintos fenómenos naturales (incluso los que muy bien podrían tener un carácter “sobrenatural”) acá, son plasmados en esta obra con un encanto, como pocas veces se ha visto en el cine o que al menos solo es posible verla en otras producciones, donde el talento oriental se deja ver (tal cual  los filmes animados de Hayao Miyasaki); por lo tanto los espectadores,  también somos testigos del espectáculo que significa contemplar en todo su esplendor a la Madre Naturaleza. 
    Relacionado con lo anterior y con el papel que cumplen la religión y Dios en la vida de Pi, es que en más de un momento el héroe reconoce a la naturaleza como una manifestación de la divinidad; por lo tanto no duda en dirigirse a su Creador mientras realiza su particular viaje (y es así como en uno de sus momentos más desgarradores, Pi le habla a Dios con una franqueza tal, que muchos quisieran poseer una amistad tan estrecha con Él).  A su vez en la película se hacen presentes de forma directa cuatro de las religiones más importantes del orbe: el Hinduismo, el Islam y el Cristianismo, que son a su vez los tres dogmas que profesa Pi.  Por su parte, el Budismo (la propia fe del director) cumple su rol en esta obra. Luego debido al papel que cumple la naturaleza en este largometraje, se podría afirmar que también existe una postura panteísta en él, puesto que a los ojos del mundo creyente, resulta difícil no reconocer a Dios en el vasto mundo por el que se mueve el protagonista.  La hermandad que tiene Pi con cada uno de los seres de la creación, viene a ser un ejemplo de amorosa empatía con la vida y, por ende, una manera más de amar a Dios.
     Cuando el aspirante a escritor llega hasta el Pi maduro, con la intención de que este le cuente la historia ideal para inspirarlo, no tiene idea de la manera en que su relato va a llegar a conmoverlo (y de seguro cambiarlo).  Uno mismo tras ver este filme no puede quedar indiferente, pues la historia de Pi revela que en realidad la vida vale la pena vivirla y que la esperanza y el amor sí existen (y que nos pueden convertir en mejores personas).  No obstante a todo este bello mensaje, hacia el final de la cinta es posible encontrarse con una mirada distinta a todo lo que le pasó a su protagonista y donde queda de manifiesto, que somos nosotros quienes escogemos qué sentido tendrán en realidad nuestras vivencias y nuestros recuerdos.  Por lo tanto la única manera de ser felices y plenos, es haciendo un acto de fe al darle el sentido que deseamos a nuestra existencia.
    A la hora de hacer de esta obra toda una experiencia para los sentidos, cumple un rol fundamental su actor principal, Suraj Sharma, quien antes de rodarla nunca  había hecho cine.  Suraj fue acogido por el maestro Ang Lee, quien compartió con él toda su sabiduría y logró sacar a flote al artista que había en él.  Considerando que le tocó realizar gran parte de sus escenas a solas, en medio de una pantalla azul e imaginándose que estaba junto Richard Parker, el joven actor indio logró cautivar al público transmitiendo su dulzura, inocencia y perseverancia, como en su momento otro novato, Michael Clarke Dunkan, en La Milla Verde destacó.  Sus monólogos y proezas físicas hicieron de su desempeño algo soberbio, algo pocas veces visto en alguien de su edad.
    Por último, la bella música hecha por Michael Danna, con sus acordes que en varios momentos se inspiraron en las melodías indias, resulta ser el fondo ideal para llevarnos junto a Pi en su periplo.

domingo, 15 de marzo de 2015

La saga en su mejor momento: “Danza de Dragones” de George R. R. Martin.


     Publicada en julio de 2011 en su lengua original y casi un año después en nuestro idioma, Danza de Dragones corresponde al quinto tomo de la exitosa saga de fantasía para adultos Canción de Hielo y Fuego.  A su vez a la fecha es el último tomo de la colección que ha sido editado, siendo que hace rato ya que su autor, George R. R. Martin, lleva prometiendo sacar el siguiente número, del cual ya se sabe su nombre (Vientos de Invierno) y cuyos breves adelantos mantienen expectantes a sus seguidores.  Tras tantos años de espera entre los libros 4 y 5 (el anterior data del año 2007) y del buen resto de personajes que en contra de lo deseado no salieron en Festín de Cuervos, al menos Martin contentó a sus lectores con un libro mucho más extenso que sus predecesores (pues posee sobre las mil páginas) y donde aparecieron un montón de sus protagonistas, incluyendo muchos de los que habían tomado el peso de la narración en el ya citado volumen cuatro.
     Tal como ya había advertido el escritor en sus explicaciones para sus dos últimas entregas de la saga, varios de los acontecimientos de Danza de Dragones ocurren al mismo tiempo que Festín de Cuervos, si bien transcurren en otros sitios de su vasto mundo ficticio.  No obstante gracias a la misma gran extensión del volumen, ya en cierto punto de la narración es posible avanzar en el tiempo y saber mucho más sobre lo que le sucede a varios de sus héroes, antihéroes y villanos; asimismo en determinados momentos el narrador nos cuenta con mejores detalles algunos eventos que ya habían sido abordados con anterioridad, aunque ahora desde otro punto de vista y de forma mucho más satisfactoria (como las órdenes de John Nieve a su amigo y subordinado Samwell Tarly, para que haga su especial viaje hacia la Ciudadela).  Teniendo en cuenta todo esto, el libro resulta ser mucho más complejo, grato y superior que su antecesor, el cual para muchos sin ser malo es considerado por buena parte de los lectores y la crítica, como el más lento y débil de la saga (quizás en parte por la ausencia en él de personajes tan queridos como Daenerys y Tyrion).
    El nombre de esta entrega se entiendo por un lado, debido a un valioso tomo de historia y ensayo sobre dragones, bastante antiguo y que se menciona en más de una ocasión en la lectura.  También su título alude a la vital importancia que cada vez van tomando los tres dragones de Daenerys para el desarrollo de la trama, si bien estos apenas aparecen hasta pasada la primera mitad del libro; no obstante su participación hacia el clímax de más de una de las historias paralelas, entrega a los lectores algunos de los momentos más impresionantes de esta entretenidísima saga.   De igual modo se puede hacer una lectura simbólica del nombre de la novela, donde los dragones como criaturas salvajes, vendrían a ser gran parte de sus personajes, quienes por diversos motivos se encuentran en la “danza”, que resultan ser sus empresas, con el objetivo de obtener poder y, por ende, la victoria por sobre los demás.
     En el texto cobran vital importancia los pensamientos de los personajes, a través de los cuales es posible conocer mucho mejor sus propósitos y con ello su psicología, en cuanto a la manera de cómo enfrenta cada uno las pruebas que les antepone el destino.  Las líneas destinadas a todo esto, además corresponden a muchas de las palabras que los sujetos se autocensuran, para lograr subsistir en un mundo tan peligroso como en el que viven y donde solo los espíritus más arteros logran conseguir salir lo indemnes del llamado Juego de Tronos.
     Tal como ya sucedió en los libros anteriores, Martin nos sorprende entregando el punto de vista de personajes que ya habían salido antes, pero a los que ahora les otorga preeminencia sobre  tantos otros.  También hace su inesperado regreso un antiguo e importante personaje, que supuestamente estaba muerto, si bien existían rumores acerca de su sobrevivencia; lo mismo se puede decir de otro, que si bien a diferencia del primero no “había muerto a ojos de los lectores”, en el libro anterior se mencionaba que había pasado a mejor vida.
     Si bien desde el principio del ciclo de Canción de Hielo y Fuego han abundado los personajes retorcidos, rastreros e insanos mentalmente, Danza de Dragones no puede destilar más esta oscura faceta de nuestra humanidad.  Tanta vileza se explica a la luz (o más bien a la sombra) de los maquiavélicos juegos de poderes que están involucrados en la saga; por otro lado la existencia de estos individuos, hombres y mujeres, no deja de hacer brillar a los verdaderos héroes, que luchan por sus mejores propósitos y que si bien a veces se ven obligados a tomar la senda de la violencia, siguen destacando aún porque carecen del gusto a la maldad de estos monstruos humanos (y además son capaces de actos desinteresados y de gran hidalguía).
     Entre tantos acontecimientos de relevancia y llenos de emoción, en medio de actos de heroísmo, verdadera villanía, muchos de ellos sorprendentes e intriga a raudales, se pueden destacar la breves, pero significativas referencias al pasado de dos de sus tantos carismáticos personajes…Por un lado se cuenta algo más acerca de la juventud de Lord Varys, el eunuco conocido como La Araña y del cual en lo que va del ciclo, poco se sabe sobre su intimidad; pues bien, acá se revelan datos sabrosos sobre sus años mozos y de cómo llegó en parte a convertirse en alguien con la posición privilegiada, que ya tenía desde Juego de Tronos.  A su vez también se hace mención al breve romance extramarital, que llevó al recordado Eddard Stark a tener un hijo “bastardo” y a luego llevárselo consigo para protegerlo (quizás esta revelación más adelante, tendrá mayor significado para los tiempos que se avecinan).

     El carácter de obra coral de la saga se evidencia en mayor medida, al estar dedicados sus capítulos a más personajes que nunca y esta vez, tal como en Festín de Cuervos, muchos de estos no llevan como título el nombre del personaje sobre el que giran, si no que uno con el que bien lo designan, como El Príncipe de Invernalia o La Niña Fea, o uno de nomenclatura de corte simbólica, tal como El Sacrificio.  De este modo el libro trata acerca de las aventuras y desventuras de…

      Varamyr: Un detestable cambiapieles, que al parecer salió por primera vez durante el ataque de los salvajes al Muro en Tormenta de Espadas (Bran y Jon poseen estas habilidades, si bien las usan con motivos menos egoístas).  Los suyos pueden ocupar los cuerpos de los animales e incluso de las personas, mientas los de ellos descansan; de este modo pueden espiar o atacar a sus enemigos, entre otras cosas.  Como sobreviviente de la masacre y derrota de su pueblo, su único episodio, lo muestra en su esfuerzo por sobrevivir, en lo que viene a ser un electrizante Prólogo para esta gran novela.
      Tyrion: Tras su azarosa escapada de Desembarco del Rey, le toca pasar peripecias como nunca con un montón de personas, luego de que Varys lo ayuda a cruzar el océano para salvar su vida y encontrarse con nuevos aliados (si bien tal como suceden las cosas, los planes no resulta tal cual se pretendía).  Entremedio conoce a unos nobles con secretos impresionantes, se encuentra con otro viejo personaje tras su caída en desgracia, conoce a una muy especial dama con la que poco a poco comienza a sentirse ligado, descubre las miserias de la esclavitud y termina en medio de un grupo de guerreros en una condición que no se le esperaba. Teniendo en cuenta lo que se le echó de menos en el tomo anterior, el escritor hace feliz a sus seguidores y, tras el Prólogo ya mencionado, de inmediato comienza la narración dedicándosela al enano más amado de la literatura (¿Alguien que se oponga a este título?), al cual además le entrega amplia cobertura a lo largo del libro. El llamado “Gnomo” hace alarde en más de una ocasión de su ingenio superior, sus comentarios irónicos de antología y su especial valentía que lo encumbra por sobre sus debilidades; no obstante tras sus cicatrices emocionales, luego de sus últimas experiencias en la sede del Trono de Hierro, se evidencia como nunca la soledad que reina en su gran corazón, en especial por el desprecio de su padre y la traición de la mujer a la que amó.
     Daenerys: La otra gran ausencia de Festín de Cuervos, aparece  durante buena parte del desarrollo de esta obra, a tal punto que le corresponde el tercer capítulo y el último antes del inesperado Epílogo del libro (aparte de todos los otros suyos entremedio).  Tras haberse quedado en la antigua ciudad esclavista de Meereen, haciendo lo posible por gobernar con justicia a sus súbditos, se debe enfrentar por un lado a su incapacidad para dominar a sus dragones, ahora que estos se han puesto menos dóciles y, por otro, a una serie de intrigas que solo quieren que desista de sus planes, abandone el lugar o muera para dejar otra vez el poder de la polis en manos de sus enemigos.  Daenerys hace lo posible por tomar las mejores decisiones, siempre pensando en el bien de su gente, lo que le otorga aún más sus atributos de mujer sabia y querida.  Entremedio, se ve involucrada en una guerra y más encima cuando ya todo pareciera arreglarse, tras unos cuantos sacrificios de su parte, se convierte en la protagonista de quizás el momento más apoteósico de todo el libro. Tal como se esperaba tras los eventos que precedieron a esta novela, su destino se cruza en una primera instancia con el de Tyrion, aunque de la forma menos esperada.
     Jon: Apareció brevemente al principio de Festín de Cuervos, no obstante aquí es el tercer personaje más importante de toda la trama, más todavía por el gran peso que tiene sobre sus hombros, por ser ahora el Lord Comandante de la Guardia de la Noche del Muro.  Tal como sucede con el resto de los héroes de esta saga, en esta novela Nieve demuestra una enorme capacidad para enfrentar las mil y una penurias que le toca vivir, en especial en su condición de líder lleno de responsabilidades; no obstante si bien su papel lo asimila a la chica Targaryen, su actitud demuestra mayor inteligencia que esta, debido a su astucia para crear nuevas alianzas, incluso entre quienes fueron sus enemigos; también destaca en él su manera protocolar para tratar a gente nefasta como la reina esposa de Stannis y algunos de sus caballeros; asimismo si bien tiene leales amigos entre sus hermanos de la Guardia, otros le manifiestan su desacuerdo por la manera de cómo está llevando los acontecimientos, lo que al final se convierte en una nueva preocupación de temer.  Es un hombre justo como pocos, todo un digno hijo de su padre, para quien tampoco hay descanso, pues le toca enfrentarse a varios frentes más aparte de los ya mencionados.
     Bran: El hijo lisiado de Stark encuentra aquí por fin la respuesta a varias de sus interrogantes y entre ellas el conocimiento acerca de cuál es su papel en todo lo que está ocurriendo.  En esta novela los hechos más maravillosos le suceden a él y a sus compañeros, ya que se encuentran por fin con los antiguos habitantes del bosque, quienes los protegen y comienzan a prepararlo para potenciar sus habilidades mágicas. 
     Davos: La Mano de Stannis es enviado por este en una misión de gran peligro, a buscar apoyo para su empresa; de este modo llega hasta nuevas costas, donde se ve involucrado en uno de los mejores engaños de todo en lo que va la saga.
     Theon: Quien no aparecía en las novelas desde su supuesta muerte en Choque de Reyes, acá es el personaje que más sufre de entre todos.  Si bien su comportamiento traicionero en el segundo libro, le hizo ganarse el repudio de todo el mundo, las múltiples vejaciones por las que le toca pasar, hacen que uno llegue a sentir compasión por un sujeto que es llevado a los peores extremos de la miseria humana.  Aun cuando alguien como Sansa tuvo su propia cuota de humillaciones, al menos ella contaba con la nobleza de corazón que le permitió mantenerse pura hasta cierto punto, en cambio al ya haber corrupción en el corazón de Theon, su degradación moral se hace evidente.  No obstante como uno de los temas más fuertes de Canción de Hielo y Fuego es el de la redención, hacia el clímax de sus capítulos pareciera haber conseguido algo de dignidad.   Lo narrado acerca de él en esta novela, demuestra que lo visto en la versión televisiva no era una mera invención de sus guionistas.  Por cierto, sus capítulos son algunos de los más divertidos de todo el volumen.
     Quentyn Martell: Hijo menor del príncipe Doran Martell, quien destacó bastante en Festín de Cuervos.  Es mencionado en esta cuarta novela, pero recién hace su estreno en esta última obra.  Si bien no es alguien que destaque por su atractivo físico (pues no lo tiene), sin embargo es un muchacho de talante ilustre.  Es enviado por su padre junto a un grupo de leales caballeros suyos, hasta donde nada menos que Daenerys, para hacerle una oferta de gran valor.  Por mucho que la opción de Martell valga más que la pena, una vez en Meereen se da cuenta que las cosas no son tan fáciles, pese a contar con la simpatía de la khaleesi.
    
Jon Connington: Aguerrido caballero de una importante familia aristócrata caída en desgracia, quien primero apareció en los capítulos iniciales de Tyrion.  En un principio se le vio como un hombre amargado (en todo caso, razones no le faltaban para su actitud), el cual además resultaba algo desagradable debido a su poca simpatía con el hijo menor de los Lannister; empero luego demostró ser alguien mucho más complejo y por ende, más admirable, en especial una vez que se conoce su drama cuando se convierte en uno de los protagonistas, tras separarse del Gnomo.  Tiene su propia misión secreta y ella resulta ser una de las mayores revelaciones del libro, ya que tiene estrecha relación con el destino de los Siete Reinos.
    Barristan Selmy: La incorporación de su punto de vista dentro de la narración, resulta ser uno de los agregados más inesperados de este quinto libro; ello debido a que este personaje ya llevaba largo tiempo dentro de las páginas de la saga y en esta ocasión su importancia para la trama general se intensificó como nunca.  En Juego de Tronos tuvo un papel más bien sutil, a las órdenes del Trono de Hierro y luego tras su autoexilio, despareció de la trama hasta su reaparición encubierta en el Este, cuando se ofrece como consejero a Daenerys en Tormenta de Espadas y se descubre su verdadera identidad.  En esta obra luego de que la Madre sale de escena durante un buen resto de la narración, se ve involucrado en una confabulación de parte de los leales a Daenerys, para evitar que sus logros sean pisoteados por sus enemigos en Meereen.
     Melisandre: La “infame” Bruja Roja que sirve a Stannis Baratheon y que se haya en el Muro tras haber socorrido a la Guardia de la Noche durante el ataque de los salvajes, tiene un puro capítulo dedicado a ella en Danza de Dragones; no obstante es decisivo para llegar a conocerla mejor y darse cuenta como nunca que las cosas no son blancas y negras en el mundo de Canción de Hielo y Fuego, pues lo que se cuenta aquí de ella la humaniza como no se esperaba y demuestra que la mujer también posee su cuota de bondad (incluso pese a las atrocidades que había llegado a cometer con anterioridad).
     Arya: Uno de los personajes favoritos para muchos de los lectores (y los que ven la serie de televisión), regresa a la saga para su regocijo.  Tras haberla dejado en el tomo anterior en circunstancias bastante dramáticas, aquí se puede ver cómo la valerosa niña se ha acostumbrado a ello y superado tales pruebas, como incluso muy pocos adultos podrían lograrlo.  Con posterioridad la hija predilecta de los Stark continua con sus aventuras y pruebas de rigor, mientras  intenta conseguir los medios suficientes para hacer valer su nombre entre quienes alguna vez la despreciaron.   Arya no puede ser más admirable tras lo narrado en estas páginas, en especial por su férrea determinación.
    Asha: Uno de los tantos personajes femeninos de recia conducta, que tan bien le suelen salir a George R. R. Martin.  La guerrera hermana mayor de Theon, sigue mostrado aquí su espíritu indómito, si bien su orgullo llega a conocer la derrota y después, su dependencia con sus vencedores.  Su destino final en el libro, que  queda en la más absoluta incertidumbre, es uno de los que llegan a mantener en suspenso a los lectores, mientras esperan la publicación largamente aplazada de la próxima entrega de esta serie.
     Areo: Al recio capitán al servicio de Doran Martell, una vez más le toca ser testigo de las intrigas en Dorne, donde se están cociendo una serie de eventos que se supone logren su cenit en la novela que está por venir.  Tal como en el libro anterior, el militar más que un personaje claramente delineado, sirve como medio para conocer lo que ocurre en la ciudad nombrada, puesto que su actuar no es directo frente a lo que está pasando con los demás.
     Victarion: El tío de Theon y Asha vuelve a aparecer, consiguiendo por el azar o la intervención de fuerzas superiores, un valioso rehén que supuestamente lo llevará hasta la presencia de Daenerys, a quien pretende desposar y controlar.  Sus capítulos describen sus viajes por el mar junto a sus hombres, en los que va ganando barcos a medida que comete tropelías con los desafortunados que se cruzan en su camino.  Homofóbico, racista, sin ápice de humor y hasta cierto punto misántropo, es sin lugar a dudas un hombre violento y detestable.
     Jaime: Teniendo en cuenta el interés por nuevos capítulos dedicados al complejo Matareyes, su único episodio en Danza de Dragones resulta ser toda una decepción.  Las pocas páginas dedicadas al hermano mayor de los Lannister, lo muestran mientras realiza una misión de pacificación lejos de Desembarco del Rey, la que termina cuando al parecer va al encuentro de una vieja aliada.
    Cersei: A diferencia de Jaime, se le dedica mucho más espacio en esta obra a la más “perra” y turbia entre todas las mujeres maquiavélicas de la ficción de Canción de Hielo y Fuego.  Sus episodios en verdad llegan a ser muy divertidos, en especial cuando se narra su humillación pública, donde no obstante la ex reina regente mantiene su dignidad, pese a la difícil tarea que le toca pasar.   
     Kevann Lannister: El tío de los dos mencionados arriba, cierra este potente libro con un Epílogo, como nunca antes se había visto en esta saga.  Su único protagonismo en el libro permite introducir nuevos factores de relevancia en este “Juego de Tronos”, con la promesa de una serie de hechos impresionantes y decisivos, para lo que vendrá más adelante (además de permitir el regreso de un antiguo y popular personaje dentro de la trama).

    Muchos son los personajes secundarios nuevos o ya conocidos, que desfilan a través de estas páginas, no obstante tan solo dos acaparan mi atención (por una razón u otra) y hoy quiero destacarlos:

     Ramsay Bolton: El hijo natural de Roose Bolton, quien hasta hace poco no llevaba el apellido de su padre, debido a su condición de “bastardo” (por lo que era un “Nieve”), hace en este tomo su debut, tras ser mencionado varias veces en los libros anteriores.  Su personalidad psicopática lo convierte en uno de los personajes más retorcidos de toda Canción de Hielo y Fuego.  Su gusto por la tortura, el dominio absoluto de quienes se hayan bajo su poder, en apariencia hace creer que este sádico hombre solo desea disfrutar ante el sufrimiento de los demás a manos suyas; no obstante detrás de tan aborrecible naturaleza, se esconde un sujeto que solo desea satisfacer a su padre, más todavía por su bastardía, razón por la cual muchos de sus últimos atropellos los cometió para conseguir su venia y que lo convirtiera en heredero legal suyo (lo que trajo como consecuencia su cambio de apellido).  De este modo es un hombre inestable, con una necesidad enfermiza por conseguir el afecto de su progenitor, pues toda su vida se ha sentido desplazado.  Le gusta rodearse de tipos tan viles como él, si bien no como amigos, sino como servidores.  Es incapaz además de mantener relaciones sanas con mujeres, a las que usa y denigra hasta el punto de haber llevado a la muerte a muchas de ellas de forma atroz.

     Penny: Joven enana a quien conoce Tyrion durante su periplo en este libro, que no puede estar más lleno de giros argumentales.  Su encuentro en un principio resulta de lo más desafortunado, pues la muchacha lo acusa de ser el culpable de la muerte de su hermano mayor, razón por la cual lo trata de matar.  Cuando su familiar estaba vivo, ambos trabajaban haciendo espectáculos cómicos, ella montada en su puerca llamada Cerdita Bonita y él en su perro de nombre Crujo (claro homenaje de parte del escritor a Stephen King y a su famosa novela sobre el San Bernardo asesino Cujo).  Ambos estuvieron durante la desafortunada boda de Joffrey y ello la ligó para siempre al Gnomo, con quien luego los acontecimientos permiten llegar a tener una relación mucho más favorable.  Penny es alguien dulce e inocente, cuya personalidad contrasta con el resto de la gente que deambula entremedio de estas novelas.  

viernes, 6 de marzo de 2015

Leonard Nimoy, Spock y Yo.


     El recién pasado 26 de febrero nos dejó uno de los actores más queridos en el mundo y en especial entre el llamado “fandom”, los fanáticos de la ciencia ficción, pues Leonard Nimoy dejó de existir y tras ello nos quedaron recuerdos impagables del personaje que lo hizo famoso: el vulcano mestizo Spock, lejos el más celebrado y reconocido de todos los protagonistas de Star Trek (Viaje a las Estrellas). Nimoy tenía sobre los ochenta años cuando falleció y en vida se convirtió en toda una celebridad, al punto que tanto él mismo como el personaje que por décadas interpretó, eran incluso conocidos entre los no iniciados en este tipo de historias (si bien muchos de ellos, errados, lo llamaban “Dr. Spock”, cuando lo correcto era hablar de él como “Sr. Spock”).  Su deceso es algo lamentado por millones de personas a lo largo del mundo, ya que tanto él como su personaje, marcaron la vida de mucha gente, entre ellas quien aquí escribe.  Ante este hecho, resulta difícil no rememorar todas aquellas horas de la vida de uno, en las que el actor y el vulcano fueron foco de nuestra atención; asimismo las historias en las que intervino su personaje, en más de una ocasión nos permitieron darnos cuenta de que a través del mundo de la ficción, bien es posible soñar con algo mejor y, luego, gracias a su inspiración, apoyarse en sus ideales para luchar por una existencia plena.  De este modo, por medio del presente texto, que es mi tributo a uno de mis ídolos (y de varios de mis amigos más queridos), quiero recordar de todo corazón lo que significó para mí alguien como Nimoy y, por qué no, como Spock.
     Quienes me conocen saben que desde pequeño amé la ciencia ficción y la fantasía, incluso desde antes de leer, cuando la única fuente de aquellos años para nutrirme de estas ficciones, era la televisión (ya que mis padres apenas me llevaban al cine).  Creo que no llevaba mucho tiempo de haber superado los 5 años de edad, cuando un día pillé en la tele la serie original de Star Trek, aquella en la que nuestro héroe real personificó con una humanidad increíble, a un extraterrestre que supuestamente carecía de emociones (y que sin embargo en su supuesta parquedad, evidenciaba lo que significa ser persona).  La memoria más primitiva de mi relación con Spock y compañía, fue nada menos que viendo el primer episodio emitido en la televisión gringa de esta afamada serie: Trampa para Hombres, donde salía ese genial monstruo que se alimentaba de la sal de sus víctimas.  Debo decir con orgullo, que mi primer encuentro con Spock me impresionó sobremanera.  Quizás qué pasó por mi cabeza de niño en aquel entonces, pero de algún modo esos ya sofisticados argumentos calaron hondo en mí y por lo tanto aprovechaba cualquier instancia para reencontrarme con la tripulación del Enterprise.  En ese periodo tenía un mejor amigo, Julio, el hermano menor de quien después sería uno de mis cuñados, por quien sentía verdadera adoración; en  mi ingenuidad Julio era idéntico a Spock y en mis fantasías si este era el vulcano, a mí me tocaba ser nada menos que el aguerrido capitán Kirk (incluso veíamos juntos la serie y jugábamos a que vivíamos nuestras propias aventuras en el universo de la Federación de Planetas Unidos, siendo cada uno, por supuesto, los personajes respectivos ya mencionados).  Como era muy pequeño todavía y Dios no me concedió la maravillosa memoria de muchas de mis amistades, fue recién gracias a la constante emisión de la serie animada en Pipiripao (un famoso programa infantil de mi niñez), que Spock y los suyos terminaron por seducirme a tal punto, que ya era sin saber aún de la existencia del concepto, un trekkie consumado.
La versión animada de Spock que tanto me marcó de niño.
     Pese a mi amor por el programa a tan tierna edad, fue recién en mi adolescencia que pude concientizar mejor la creación de Gene Rodenberry; también me fue posible apreciar en mayor medida, la fascinante personalidad del primer al mando del Enterprise.  Años antes había visto también en la tele algunas de las películas clásicas, siendo testigo de la muerte y resurrección del alienígena y en especial de su muy entretenido viaje al siglo XX junto a sus compañeros; no obstante pasaría el tiempo como para que todas estas producciones me cautivaran tanto, como las de los sesenta y los setenta. 
     Me acuerdo muy bien de haber visto varias veces una de las películas que dirigió Nimoy, Tres Hombres y un Bebé, la famosa comedia y remake gringo de un filme francés, que entre otras cosas hizo historia por el fotograma del supuesto fantasma real y que tanto se reprodujo durante muchos años; de ese modo me quedó claro el talento de Nimoy, como artista de muchas aristas.  Y entonces sucedió que un nuevo canal de televisión reestrenó la serie clásica, la cual daba los domingos; no obstante su horario era el mismo que el de La Nueva Generación, que emitía un canal de la competencia.  Data, Worf y Picard ya habían acaparado mi atención (más todavía por los adelantados efectos especiales y de maquillaje, que por esos años eran una primicia en la pantalla chica), sin embargo las remembranzas de mi niñez eran más fuertes y al final optaba sin dudarlo por la tripulación original. Tengo un recuerdo que atesoro con mucho cariño de esa época: Mi papá había comprado para la once unas ricas tortillas, pasteles de mil hojas y leche chocolatada, una fría y oscura tarde de invierno, de modo que disfruté como nunca del capítulo de aquella ocasión (de ese modo, creo que es debido a hechos sencillos como estos, que atesoro tanto en mi memoria este tipo de actos, en especial acompañado, comiendo algo rico mientras veo algunas de mis series favoritas y en la comodidad de mi casa o donde mis seres queridos).
     Cuando entré a la universidad mi vida cambió en un 100%, pues entre otras cosas hice los primeros amigos de mi edad, con los cuales pude compartir mis intereses intelectuales, como artísticos.  Aprendí mucho de ellos y es así que juntos hemos invertido buena cantidad de tiempo frente a la pantalla.  Los años iniciales de la universidad fueron los mejores para mí, los que llamo con nostalgia mi Edad Dorada.  Buena parte de la gente que conocí ille tempore sigue a mi lado, personas como Mauricio, mi comadre Ledda, Miguelito, la Niña Mary, IPO (el genial marido de la propia Niña Mary), Berni, Jano “Daredevil”, Karlita, José Varas (a quien no veo desde hace un par de años, no obstante tiene un espacio dentro de mi corazón trekker) y el chiquitín Brito…Amigos que me son tan importantes y que entienden lo que significa para uno que Nimoy ya no esté (con todos ellos he disfrutado en numerosas ocasiones la maravilla de Star Trek y en especial lo que es ver a Spock en todo su esplendor).  Más o menos cuando nuestras vidas se cruzaron, entré a formar parte del que se supone fue el primer fan club chileno de esta serie… ¡Si hasta personalidad jurídica sacamos! Fue así que en un determinado momento, para preparar una exposición sobre la literatura de Star Trek, que di en una de los tantos eventos que como grupo hicimos, que me leí una excelente novela trekkie de un connotado autor: El Efecto Entropía de Vonda McIntery, donde Spock tiene un papel fundamental en su trama… ¡Me encantaría tener ese libro y leerlo de nuevo! En otra ocasión tuve el honor de posar maquillado como vulcano para un importante diario santiaguino, mientras promocionábamos una de estas convenciones, je, je.   Fue en esta época que por fin pude ver los episodios antológicos de la serie original, me estoy refiriendo a La Ciudad al Borde del Abismo Eterno, Espejo, Espejo y Viaje a Babel (en el que salieron por primera vez los padres de Spock), entre otros.  Y también fue cuando disfruté aún en mayor medida, la aparición en el episodio doble de los 25 años del programa, de Spock en Unificación I y II de La Nueva Generación, capítulo que para muchos (como yo) fue algo apoteósico (¡si incluso tengo en mi colección la figurita del embajador Spock con traje romulano de esa historia!).  Más o menos por aquel entonces se estrenó el famoso episodio de Los Simpsons, donde Scully y Mulder de X-Files viajaban a Springfield y conocían a Homero y compañía; pues bien, sabido es que Matt Groening, el creador de este cartoon, se jacta de ser un fanático de la ciencia ficción, de modo que dicho capítulo comienza con nada menos que Leonard Nimoy dando un formidable monólogo y el cual vuelve a aparecer hacia el final de todo esto.  Por aquellos años aún teníamos Nimoy para rato.

Leonard Nimoy en Los Simpsons.

     Una vez que me recibí de profesor, pude conocer mejor a nuestro querido actor y entonces me vi una y otras vez las películas para el cine de la tripulación original de Star Trek, siendo mis favoritas Star Trek II: La Ira de Khan y Star Trek VI: El País Desconocido, donde Spock toma un rol primordial y Nimoy se luce más que nunca en verdaderas escenas de antología (inolvidable su sacrificio en pro de sus amigos y su investigación policial respectivamente en dichas obras). 
      También recuerdo haberlo visto en la famosa versión de finales de los setenta de Los Usurpadores de Cuerpo, donde por primera vez lo vi haciendo de villano y no dejé de estremecerme ante el cambio tan evidente respecto a su querible señor Spock.  Cuando el ya mencionado Matt Groening estrenó su segunda serie animada, Futurama, esta vez dedicada en exclusiva a la ciencia ficción, no podía faltar su amigo Leonard Nimoy, quien fue el primer invitado famoso al programa… ¡Cuánta gracia nos provocó ver su “cabeza” parlante dentro de un frasco! Asimismo sentí mucha ternura cuando lo vi interpretando a un robotista, en un ya clásico episodio de la versión noventera de The Outher Limits y que recién pude ver durante esta década.
Un sentido homenaje
nipón para Spock, cortesía
de Akira Toriyama.
     Un capítulo aparte de todas estas remembranzas viene a ser la relación de Leonard, con una de mis series actuales predilectas: The Big Bang Theory.  Si bien nunca apareció como invitado que yo recuerde, el hecho de que uno de sus protagonistas se llame justamente como él, me hace creer que este era nada menos que un homenaje más a quien tantos gratos momentos nos dio.  Luego puedo rescatar de la memoria el “capítulo de Navidad” de la segunda temporada, cuando Penny (mi personaje favorito del programa) le hace un particular regalo al complicado Sheldon: una humilde servilleta, pero que guardaba todo un tesoro en su superficie, pues tenía un autógrafo de Nimoy.  Cuando Sheldon, quien nunca antes supo la bendición que era tener una amiga, abrazó a Penny ante tamaño acto, yo el más sentimental no dejé de lagrimear un buen resto.  Y más hilarante no podía ser la vez en que Sheldon encargó una imagen tamaño gigante de Spock y le llegó, aunque en su versión más joven interpretada por Zachary Quinto (¡Y cómo reclamó ese hombre!).
     También puedo traer a colación al Spock niño y caricaturizado de Dr. Slump de Akira Toriyama, personaje de apoyo en su genial comedia surrealista de animé y que tantas carcajadas me produjo.  De igual modo mucha gracia me produjo el llamado “Código Nimoy”, del filme animado paródico y homenaje al cine clásico de ciencia ficción, “Monstruos versus Aliens”.   Todavía más gracioso me pareció el Spock del capítulo de los Animaniacs, de cuando los hermanos Warner viajaron al Enterprise y el vulcano casi se vuelve loco, tras hacerle a uno de ellos una fusión mental.
     En los últimos años disfruté con su papel como Sentinal Prime en la tercera película de Los Transformers, sin embargo fueron sus dos últimas incursiones en la actuación, las que más atesoro aparte de su trabajo como el Spock clásico: su participación en la serie ya de culto Fringe, como uno de los personajes más memorables de toda esta producción (de hecho su aparición inesperada al final de su gran primera temporada, me dejó con el corazón en la boca) y por último su realmente majestuosa entrada en la película número uno de las dos precuelas de Star Trek que hizo J. J. Abrahams (cuando se encuentran los dos Spock, no pude evitar llorar de emoción, pues era inevitable no sentirse ser testigo de un hito en la historia de la ciencia ficción, al volver a ver a Nimoy tomando el papel que le concedió la inmortalidad).
     Me doy cuenta que tengo mucho que decir acerca de todo lo que significan para mí Leonar Nimoy y Spock, ya que me he extendido más de lo pensado; también de seguro aquellos a quienes les envié este correo para ver si me leen y se dignan a comentarme los muy ingratos de mierda (¡Los quiero, por eso les saco tanto en cara su poca dedicación a mí!), estarán diciéndose que una vez más me pasé de las líneas y páginas con mis escritos…Sin embargo no puedo sintetizar mis sentimientos y deseos de expresarme.  Pero ahora se viene el final ya, cuando les cuento con doble orgullo que el año pasado pude cumplir mi sueño de adquirir en blu-ray toda la serie original, la que por fin me pude ver completa, pues antes solo unos capítulos huachos había gozado (¡Qué vergüenza por parte de un trekkie consumado! ¿No?).  Y fue entonces cuando una vez más mi sobrinito Amilcar, quien hoy tiene ya cinco años, me dio una gran satisfacción más al ver conmigo muchos de esos episodios; a veces él mismo me pedía ver la serie conmigo y para rematar era capaz de quedarse a mi lado los cincuenta minutos que duraban estos sin aburrirse, haciéndome preguntas y/o comentarios al respecto.  Pero el momento más sublime para mí de todo esto, fue cuando Amilcar se quedó una vez mirando fijamente una de las repisas donde tengo mis figuritas y reconoció a Spock con el traje de La Ira de Khan (uno de mis bienes más preciados y que por casi una década guardo aún en su caja original).  Cuando me preguntó si ése era el Sr. Spock, me dieron puras ganas de abrazarlo.
       Y todo esto para manifestar mis más sinceros agradecimientos, a quien se llevó consigo una parte de mí y al que ahora despido con el consabido ¡Larga Vida y Prosperidad! vulcano.

domingo, 1 de marzo de 2015

¡Mejor no podía estar!


     Tras dos primeras temporadas bastante exitosas y aclamadas, tanto por sus seguidores, como por la crítica, la serie de televisión Person of Interest tenía una vara bastante alta que superar.  Luego de casi una cincuentena de episodios con argumentos sólidos y el desarrollo de personajes tan carismáticos como para conquistar sin problemas el corazón de la gente, era de esperar que en este tercer año de existencia la calidad aumentara, más por el hecho de que ya se había logrado crear un universo ficcional lo suficientemente coherente, como para introducir arcos argumentales más complejos, que permitiesen incrementar el dramatismo, a tal punto de perfilar mejor a sus héroes y de paso crear verdaderos hitos en su estructura de modo de cambiar por completo su trama general.  Pues ello se llevó a cabo de las maneras más increíbles, a tal punto que en más de una ocasión los espectadores pudieron quedar  “con la boca abierta”, en consideración a las ramificaciones de muchos de los nuevos elementos argumentales introducidos en esa inolvidable tercera temporada…
    Luego de un final de temporada donde la supuesta gran villana del programa quedaba neutralizada, este año tuvo lo que se podría decir dos grandes tramas para ser desarrolladas en un total de 23 capítulos.  No obstante en su mayoría los episodios siguieron siendo autoconclusivos, en especial en lo que se refiere a las misiones en las que nuestros héroes se involucraban.   Empero estas dos grandes líneas narrativas se dividieron en base a las respectivas grandes amenazas de turno, durante la primera y la segunda parte de la temporada.  La primera mitad correspondió al enfrentamiento (supuestamente final) contra el corrupto grupo de funcionarios públicos, que apareció por primera vez en la temporada inicial.   En esta ocasión el conflicto contra esta particular mafia, representantes de las fuerzas que amparadas por la ley esconden sus propias agendas ilegales, llegó a su clímax de la manera más impactante.   Durante varios episodios pendió sobre nuestros héroes la amenaza de la muerte, a tal punto que los guiones fueron lo suficientemente ingeniosos como para engañarnos y hacernos creer que uno u otro de sus protagonistas fallecería… ¡Y justo tras la anhelada victoria contra los criminales, viene la primera gran sorpresa de esta tercera temporada!: Pues nos fue arrebatado uno de los personajes más queridos de la serie y más encima su deceso ocurre en las circunstancias menos esperadas, ya cuando todo el mundo se encuentra con las defensas bajas tras derrotar a los malos; de este modo en vez de tener una muerte heroica, su deceso se transforma en cualquier otra cosa menos en ello, aunque eso le otorga al grupo de justicieros una madurez tal, que terminan con un nuevo sentido para sus vidas (luego de la crisis respectiva tras perder a su compañero/a).  Todo esto permite además ver otro tipo de justicia, una en la cual cumple un papel fundamental uno de los aliados del grupo de Finch, lo que lo convierte en un personaje mucho más admirado para la audiencia.  Luego de todo esto se encuentra el segundo arco argumental de la temporada, el cual en todo caso estuvo germinando desde que esta comenzó, hasta que por fin tuvo su clímax hacia el final de este tercer año.  Ello a su vez permitió que el status quo del programa cambiara radicalmente, a tal punto que a partir de entonces la existencia y la misión de los justicieros, llegó a complicarse a tal punto que ahora más que nunca se verían obligados a pasar al más absoluto anonimato; de este modo es de suponer que para lo que viene, mientras tanto  tratan de solucionar todo o de sobrevivir ante los nuevos peligros, cuando ya no tienen en sus manos el control de las cosas y tendrán que adaptarse o morir (habrá que ver qué pasa con este giro argumental y cómo se concretará en la temporada siguiente, ya que aún no ha sido vista por quien aquí escribe).
     Teniendo en cuenta el homenaje que resulta ser Person of Interest a las historias de superhéroes, durante el transcurso de esta tercera temporada se trabajaron varios temas más del género: Uno de los que más se abordó en esta ocasión fue el del enemigo convertido en aliado inesperado y luego redimido hasta abrazar por sí mismo el camino de la justicia.  Este papel lo toma un personaje cuyas primera intervenciones estuvieron marcadas por una personalidad psicopática, al más puro estilo del Guasón, debido a su conducta impredecible y violenta: Root.  Interpretada con la solvencia acostumbrada de los actores de la serie, por Amy Acker (recordada por sus dos papeles en otra serie de culto: Angel), desde su debut en el programa estuvo vaticinando que se venía algo terrible, que debían estar preparados ante esto y que ella misma tenía un papel fundamental para evitar la tragedia o amortiguar su peso.  Pues bien, cabe recordar que uno de los temas fundamentales del show es el de la redención personal, considerando que la mayoría de sus protagonistas tienen oscuros pasados, de los cuales para nada están orgullosos, de modo que al unirse a este particular equipo, encuentran la oportunidad de resarcirse; de este modo Root pasa de ser “la peor pesadilla” de Harold y hasta su némesis, a ser un miembro valioso de los suyos, aunque eso si para ello harto tuvo que pasar entre medio.  Si desde un principio se vio a esta mujer como a una experta programadora y hacker, además de ser alguien con un innato talento para la acción física, en esta temporada obtuvo una relación estrecha con la Máquina (la IA creada por Finch para ayudar a descubrir antes de tiempo eventos terroristas y que luego le permitió evitar crímenes menores), la cual la conviertió en la par de Harold, incluso en alguien por sobre él.  Su felicidad una vez que descubrió este nuevo sentido para su hasta entonces solitaria y esquizoide vida, se hace impagable para el espectador, al otorgarle esta evolución espiritual, si bien no dejó de mantener su faceta excéntrica.  Otro aspecto suyo destacable, resulta ser su singular manera para utilizar las armas de fuego, ya que acostumbra ocupar dos pistolas a la vez, una en cada mano.   Su esencial papel dentro de la serie llegó a tales niveles de relevancia, que le tocó a ella cerrar esta magnífica temporada, con un monólogo en off de antología y a través del cual dejó claro ser la única de toda su gente con la capacidad para prepararse ante las duras pruebas que venían y de paso apoyar a los demás.  Por último, no solo Root consiguió esta dimensión salvadora, puesto que desde el mafioso Elias de la primera temporada, más de un personaje contra el cual les toca inicialmente combatir a nuestros héroes, al final enseñó que no todo es blanco y negro; por lo tanto tal como en las más clásicas historias épicas, aquí se hace evidente que hasta el peor rival puede demostrar la verdadera nobleza de su corazón (con el correspondiente sacrificio de su parte en pro del bien mayor).

De izquierda a derecha: Sameen, Root y Fusco.
      
     Y no se puede dejar de lado a Sameen Shaw, quien fue introducida en la serie durante la segunda temporada, convirtiéndose en personaje recurrente, hasta que en este tercer año se convirtió en personaje estable y de paso logró gran popularidad debido a su atractiva personalidad.  En su debut se le mostró como a un agente profesional del gobierno, que trabajaba en secreto en los casos relevantes (de terrorismo) y de los que advertía la Máquina.  Tras convertirse en una “persona de interés” y ser salvada por nuestros héroes, debido a su experticia se unió a estos, convirtiéndose en alguien imprescindible.  De actitud parca y poco dada a establecer relaciones afectivas, en un decisivo y emotivo episodio de principios de esta tercera temporada, se nos reveló su “origen secreto”, aclarando bastante su condición y humanizándola más que nunca.  De forma inesperada, logró obtener un lazo algo más estrecho con otro personaje muy querido, el detective Fusco y en especial con Bono, el inteligente perro de Harold.  Cómicamente, siendo el personaje más “oscuro” del grupo, se le otorgó un fino humor negro que apoya el elemento gracioso, que a partir de este año aumentó en parte para alivianar tanta tensión y dramatismo.  Si bien el resto de los protagonistas posee esta agradable faceta, en Sameen resulta mucho más agradable e hilarante.  Siendo Root la contrapartida de Harold dentro del mismo equipo y Carter la de Fusco, era de suponer que para un agente profesional en las artes mortales y el espionaje, fuese la propia Sameen la pareja y/o contraposición de John; de tal modo que si para Harold este último era el “escalpelo” a la hora de efectuar con sutileza las misiones, la ex agente Shaw es el martillo, debido a su actuar mucho más duro que el de su compañero (todo esto en palabras del mismísimo Harold, durante un interesante diálogo entre él y Sameen en uno de los episodios).
      Si ya antes se había referido acá al concepto superhéroico de los “orígenes secretos”, referido al pasado de los personajes, que resulta ser decisivo para la formación de un agente del bien y la justicia (como bien sucede con muchos cómics de DC y Marvel, entre otros), en esta temporada una vez más fueron esenciales los flashbacks dedicados a este tiempo pretérito de nuestros amados protagonistas.  Pues bien, una vez más se revelaron datos sabrosos sobre ellos, no obstante fue sobre el ingenioso creador de la Máquina, que se reveló más información que nunca: partiendo todo con su juventud y su conmovedora relación con su padre, la que lo marcó lo suficiente como para llevarlo luego a diseñar la IA; asimismo bastante impresionante resulta el episodio, donde se da a conocer al anterior “empleado” de Finch, quien cumplía con el papel de John cuando este aún no hacía su aparición.
      Contando con el apoyo de personajes secundarios y/o recurrentes de gran fuerza dramática, en esta tercera temporada se desaprovecharon los ya citados en el anterior artículo dedicado a Person of Interest, Zoe Morgan y Leon Tao.  La primera fue solo vista en un muy entretenido capítulo, donde esta sensual mujer trabajó codo a codo con otras dos damas del grupo de Harold.  En cuanto al ex ladrón informático, apenas se le mencionó en toda la temporada.
       Emitida entre el 24 de septiembre de 2013 y el 13 de mayo de 2014, la tercera temporada de Person of Interest resultó ser tan formidable, que cuesta sacarse de la cabeza sus grandes momentos.  Además no se puede olvidar de ella la consagración de uno de sus villanos, el breve vistazo de otro que debería ser retomado con fuerza al año siguiente y, por último, el surgimiento de la propia némesis de la Máquina: Samaritano… ¡A ver con qué se nos viene el futuro ahora que los vigilantes están siendo vigilados!

Tres bellezas de temer: Josh, Zoe y Sameen respectivamente (¡Ídolas!).
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