lunes, 11 de diciembre de 2017

Disfrutar una vez más del talento de un maestro (primera parte).

 

      Hace rato ya que tenía pendiente volver a leer a Mario Vargas Llosa (Premio Nobel de Literatura en 2010, más un montón de valiosos galardones a lo largo de todo el mundo). Importantísimo autor peruano del que desde adolescente vengo saboreando sus historias, cuando por puro gusto propio me leí por primera vez La Ciudad y los Perros a la tierna edad de 16 años (en aquel tiempo debido a sus sofisticadas técnicas narrativas me costó algo comprender el libro, pero aun así no cejé en terminármelo y al final igual pude gozar de mi lectura).  Ha pasado largo tiempo desde la última vez en que tomé una de sus ficciones, que fue justamente en el año de 2011, poco tiempo después de comenzar este blog y aunque mucho me gustó La Historia de Mayta, todavía no tenía la costumbre de escribir de todas las obras literarias que pasaban por mis manos.  No obstante sabía que algún día tendría que reencontrarme con Vargas Llosa y que por ello mismo me tocaba escribir primero acerca de su impresionante carrera…Y la verdad es que encontrarme con tamaño reto, de resumir en unos cuantos párrafos o líneas tantos títulos a su haber, me pareció una tarea casi imposible.  Al final he decidido remitirme solo a los títulos que le conozco mi propia experiencia, que no son tantos,  pese a lo que se esperaría de un lector como yo.
       Así que démosle no más:
       Fue de parte de mi profesora de castellano, cuando estaba en primero medio, que escuché por primera vez de este señor.  Tal como ya dije, comencé con la novela que le dio la fama y notoriedad, convirtiéndolo de inmediato en el exponente de su patria del llamado boom literario (despegue comercial y artístico de la literatura de esta parte del mundo, por lo general de tipo narrativo, en el mercado mundial y por tanto más allá de sus fronteras, surgido en plena década de los sesenta).  Fue así que con La Ciudad y los Perros (1963), me encontré con la historia de un grupo de adolescentes de un colegio militar, que se alejaba por completo de las narraciones juveniles más ligeras.  Pues este libro resulta ser una crítica ácida a la educación miliciana y a la desvalorización de la persona, en la que la institución pedagógica más que promover el desarrollo integral de sus miembros, los convierte en verdaderas bestias.  He ahí el nombre tan potente de este libro.  La leí en dos momentos diferentes, creo que la segunda vez cuando estaba en la universidad; no obstante me bastó aquella ocasión en mi adolescencia, como para que quisiera saber más de este caballero.  Tiempo después pude ver por fin la adaptación cinematográfica, que hicieron los mismos peruanos de tan magnífica obra, en 1985, a la que le tenía muchas ganas tras disfrutar tanto del libro; como en aquel tiempo aún era demasiado concreto y pensaba que las adaptaciones debían ser un calco exacto del material que las inspiró, me decepcioné bastante del resultado y la verdad es que en términos reales el filme no está considerado como la gran cosa.
       Estaba más o menos en segundo o tercer año de enseñanza media (lo que en otros países le llaman Secundaria), cuando en la entonces exigua biblioteca del colegio en el que estudiaba, intruseando para ver con qué joyita me encontraba para disfrutar, me encontré con Pantaleón y las Visitadoras (1973).  Su extraño nombre lo recordaba de una adaptación teatral que se estrenó en Chile a principios de los noventa y que en una de mis idas al centro al ver el cartel en la sala de teatro, me llamó mucho la atención… ¿De qué se tratará? me pregunté y solo cuando vine a tomar la novela vine a saber de su fabulosa historia: Pantaleón Pantoja es un destacado militar capaz de llevar a cabo con entera satisfacción las más increíbles peticiones de sus superiores, a quien ahora se le encarga crear nada menos que un servicio de prostitutas para atender a los soldados peruanos y que en la selva ha llegado a cometer grandes atrocidades, debido a su obligado celibato; con ello se busca frenar los incidentes.  Todo transcurre con una eficacia sorprendente, hasta que varios elementos inesperados traen como consecuencia la desgracia en la vida del eficiente castrense, además de provocar conflictos entre los uniformados y los civiles.  Una novela como esta que se mueve entre el melodrama, que juega con la realidad al tratar de manera muy especial el absurdo de muchas de sus situaciones, de inmediato se transformó en una de mis favoritas de su autor.  La habré leído también unas 2 veces y recuerdo que la primera vez en que lo hice, venía muy atento en una micro (nombre que le damos en Chile a los vehículos de locomoción colectiva), cuando el chofer del bus (otro término dado acá para estas máquinas) muy pesado me grita desde su puesto: “¡Dale el asiento a la señora, po´!”.  Yo iba tan ensimismado en mi lectura, que ni me di cuenta de lo que pasaba a mi alrededor y solo entonces tomé conciencia de mi entorno; entonces un señor muy amable intercedió por mí y le contestó al conductor, que como muchos de sus colegas de esos años eran muy groseros con los estudiantes: “Al joven le gusta leer” (o algo así).  En 1999 se estrenó la versión cinematográfica de la novela por parte del mismo cineasta que hizo La Ciudad y los Perros, aunque con mejores resultados; la película tuvo mucho éxito y a mí me encantó, habiéndola visto varias veces.  Posee excelentes actuaciones y un montón de mujeres hermosas y exuberantes que a más de alguien de seguro le provocaron una que otra fantasía; por otro lado, la belleza de su protagonista masculino (Salvador del Solar como Pantaleón, hoy en día nada menos que Ministro de Cultura en su país), contrasta lejos con los rasgos más toscos y poco atléticos de los soldados rasos, que se atendían con las beldades a cargo de “Pantita”.

                                                         
                                            Tráiler de filme Pantaleón y las Visitadoras.
      
     Mi siguiente lectura de una obra de Vargas Llosa fue con su única colección de cuentos a la fecha, también bastante célebre, Los Jefes y los Cachorros (1959).  Era mi primer año en la universidad, cuando estudiaba Filosofía.  En ese tiempo participaba activamente como miembro de la Pastoral Juvenil de la capilla donde iba a misa y un día conversando con el cura que trabajaba con nosotros, al ver su colección de libros me encontré con dicho volumen.  Movido por la osadía de la falta de etiqueta, propia de los jóvenes inexperimentados entre los que yo me encontraba en ese tiempo (¿Un eufemismo para referirse a mi poco tacto que sé aún poseo?), le dije al padre Jöel: “¿Me lo regala?”.  Pese al claro al abuso de confianza de mi parte, el buen hombre no dudó en consentirme como Hombre de Dios que era y así me vine a casa contentísimo con mi nueva posesión.  Compuesto por una novela corta, Los Cachorros, y 6 relatos breves que en un principio formaron parte de la colección titulada solo Los Jefes, lo habré disfrutado al menos unas 3 veces en mi vida.  La verdad es que de todos ellos, solo recuerdo la novela corta, que me impactó bastante, ya que solo contaba con 18 años cuando por primera vez me la devoré y aún me quedaba mucho por vivenciar.  Su argumento gira también en torno a un grupo de muchachos del exclusivo barrio de Chorrillos de Lima, Perú (en el que el mismo escritor pasó su infancia y juventud, luego ambientando varias de sus otras ficciones en tal lugar), a quienes vemos crecer en la medida de que van pasando de la juguetona infancia, a la adolescencia y por último a los primeros años de su vida adulta.  Estos son los testigos y narradores del descenso a los infiernos de uno de sus amigos, quien de pequeño fue mordido por un perro en sus partes pudendas, lo que le provocó tal trauma, que fue incapaz de desarrollarse como una persona plena, pese al apoyo de sus seres queridos.  Años después, ya convertido en todo un profesor, en un colegio en el que trabajaba llegué a realizar mi labor ya comenzadas hace poco más de un mes las clases, luego de que un colega abandonó dicha institución indignado por el bajo sueldo con el que le pagaban (en cambio para mí, ese año de 2008 fue uno de los mejores de mi vida, además de que conocí a uno de mis amigos más queridos, Luciano, a quien le hice clases en tal lugar) y al octavo básico que tenía a mi cargo le tuve que dar a leer tal libro; resulta que el maestro anterior, quien me quedaba claro no sabía mucho de literatura escolar y/o juvenil, les dio dentro de las lecturas mensuales ese título a niños pequeños y yo apenas supe de esto les dije a mis alumnos que no estaban en condiciones aún de leer una obra como esa; no obstante debido a una chica a la que ya le habían comprado todos los libros de ese año y a la porfía de sus compañeros, tuve que seguir el listado entregado por mi predecesor, en vez del cambio que hice en los otros cursos.  Cuando meses después llegó el momento de la evaluación y los niños tuvieron que leer el texto en cuestión, reconocieron que mi advertencia estaba más que justificada.  

     
     En los años de la universidad hice una amiga a la que tuve mucho cariño y a quien lamentablemente le perdí el rastro tras una desilusión con ella (no amorosa, aunque sí de lealtad).  Resulta que en clases a Cynthia le dieron como lectura domiciliaria La Tía Julia y el Escribidor (1977) y gracias a ello tras desocupar tal libro, no dudó en prestármelo. ¡Y vaya qué me encantó! Se supone que como muchas de sus ficciones, tiene un carácter autobiográfico, en cuyo caso aborda dos tipos de educación por las que pasa su protagonista: Por un lado la sentimental y/o erótica, debido a su romance con una mujer muchos años mayor que él, la mencionada tía Julia; y, por otro, su crecimiento como artista y escritor, tras conocer a un autor de folletines radiales que llega a tener gran influencia sobre él.  Es así que ambos aspectos de su vida lo llevan a convertirse en alguien integral, de modo que queda claro en sus páginas que somos la suma de las personas que han pasado por nuestra existencia y del legado que nos han dejado.  Asimismo, uno de los elementos más destacables de esta novela, viene a ser que incorpora el clásico recurso del relato enmarcado, consistente en el uso de narraciones independientes que se insertan dentro de la trama central, con otros personajes y estilos diversos; pues debe saberse que estas historias secundarias (muy entretenidas todas ellas), se supone pertenecen a los radioteatros escritor por el maestro del protagonista, las que en todo caso dejan en suspenso al lector, ya que no tienen desenlace (años después, en 1993, Vargas Llosa rescata a uno de sus personajes a través de su novela Lituma en los Andes).  Estaba casi terminando mis estudios en la universidad, cuando en el ramo de Literatura Hispanoamericana me pidieron crear una actividad lúdica con el que enseñar narrativa y hacerlo más encima de forma entretenida; fue así que se me ocurrió tomar de base los cuentos integrados en este libro, resumiéndolos e imitando su prosa, para que los participantes de la clases les hicieran sus propios finales.  Saqué aplausos y nota máxima y estuvo en dicha ocasión otra persona importante de mi pasado que tampoco está ahora conmigo, de otra carrera, quien posteriormente usó mis textos para una de sus propias clases. 
       La década pasada salió en los kioscos una hermosa colección de la bibliografía de Vargas Llosa en tapa dura y a un precio muy bueno.  Fue así que me compré 4 títulos de tal oferta, siendo el primero en leer El Paraíso en la otra esquina (2003).  Esta vez me encontré nada menos que con una novela de carácter histórico, alejada por completo de los escenarios peruanos, transcurriendo ella entre Europa y Tahití en el siglo XIX.  Tomando como protagonistas centrales al importante pintor francés Paul Gauguin y a la hija de este, una de las primeras mujeres obreras sindicalistas feministas, aborda desde la figura del artista y de alguien más práctico (y realista) como su descendiente, el tema de los sueños y la utopía, de manera de cómo esta se encuentra presente en la mente y el corazón de las personas, quienes luchan a su manera por llevarla a cabo.  Tras gozar esta obra, queda claro el tremendo trabajo de su escritor para representar de manera fiel a sus personajes, que existieron en verdad y que no son solo producto de su imaginación, sin dejar de renunciar a su afán de contar una buena historia (que sin dudas, además, nos puede llevar a más de una reflexión de por medio).
      También me compré La Casa Verde (1966), no obstante creo que no llegué más allá de las 100 páginas, pues hablando con sinceridad me aburrió, porque encontré su narrativa demasiado pesada con tanta descripción.  Quizás ahora estaría preparado para ella, aunque me esperaré al año que viene para darle una segunda oportunidad.  Nada recuerdo de qué se trata.
      Luego de alucinar con El Paraíso en la otra Esquina, me tocó la que sería sin dudas una de mis novelas predilectas de Vargas Llosa: La Fiesta del Chivo (2000).  Se trata de otra novela de corte histórico, si bien parte de su trama no ocurre en un pasado tan “lejano” como bien sucede en este tipo de obras, aunque sí describe con lujos de detalles una época y una sociedad de antaño: la del periodo dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo, a principios de los sesenta en República Dominicana.  El horror de su gobierno y el constante terror en el que vivieron sus ciudadanos sometidos a todo tipo de vejámenes, es retratado por el artista de tal manera que bien los lectores no dejan de impactarse ante la crudeza de sus páginas…Y sin embargo entre medio de todas estas miserias, nunca deja de estar presente el poder del amor y de la esperanza, pues por supuesto que alguien como el “Chivo” y sus secuaces tienen resistencia entre quienes defienden la justicia.  Por otro lado, el resto de la narración nos transporta al presente en el que fue publicada esta obra, cuando una de sus protagonistas regresa a su patria tras décadas de ausencia; a esta, Urania, la conocimos de niña como una de las tantas víctimas de las atrocidades de la dictadura y en los capítulos dedicados a su madurez, presenciamos el viaje interno por el que pasa para reconciliarse con su pasado y con ella misma.  En 2005 se estrenó una muy recomendable adaptación cinematográfica de este título, dirigida nada menos que por Luis Llosa, primo del novelista, que contó con la participación de actores internaciones de la talla de Isabella Rosellini; la cinta tal como la ya citada Pantaleón y las Visitadoras, resulta ser una muy buena traslación a la pantalla grande de un texto de este autor (y es una lástima que no hayan más interés por realizar filmes de este calibre, acerca de la bibliografía de Vargas Llosa).

                                                                             
                                                         Tráiler de La Fiesta del Chivo.

      La última novela que tuve el gusto de leer de nuestro querido Premio Nobel peruano de Literatura, antes de la que hoy me mueve a escribir estas palabras, corresponde a Historia de Mayta (1984), otra historia ambientada en el pasado cercano, precisamente en 1958, si bien en las tierras de Perú.  Como un trabajo previo a las sendas investigaciones realizadas para los dos libros ya comentados más arriba, acá nos encontramos con el trabajo de un Vargas Llosa más joven y que esta vez fue capaz de indagar en un desconocido episodio de la cronología de su país: el intento de un pequeño grupo de ideólogos comunistas peruanos, de llevar a cabo una revolución política de tipo soviética en pleno suelo inca.  La figura de su líder, Alejandro Mayta, un hombre que a simple vista se puede apreciar como alguien insignificante, es mostrada ante los lectores como un sujeto sensible y solitario, quien ante los vaivenes históricos termina por ser aplastado por fuerzas que lo superan.  Por cierto, me llamó la atención el hecho de que en esta obra, tal como en El Paraíso en la otra esquina, el autor abordara el tema de la homosexualidad de sus protagonistas, si bien en el caso de Mayta, ello fuese como algo culposo, lo que bien ayuda a retratar mejor la personalidad ambivalente del personaje.    


martes, 5 de diciembre de 2017

Otra vez más en Hawkins.


       Luego de ver y disfrutar la exitosa y elogiada primera temporada de Stranger Things, el show revelación de Netflix del año pasado y a caminos entre el terror y la ciencia ficción, con nostalgia ochentera más encima, era obvio que sus ahora fieles seguidores esperaríamos con ansias su regreso.  Es así que la compañía, ni corta ni perezosa, no podía negarse a la solicitud de su público, aprovechando por supuesto de seguir lucrando con este título.   Por lo tanto para el pasado Halloween, nos dieron en el gusto al lanzar completa la segunda temporada, que como si se tratara de la secuela de una de las tantas películas de aquella época, fue nombrada como Stranger Things 2.  Además, para contento de uno, extendieron a un episodio más esta entrega, de 8 a 9, si bien lo ideal sería que hubiesen hecho más para esta ocasión.
        Ha transcurrido alrededor de un año tras los acontecimientos ya conocidos y en muchos aspectos la vida para su grupo de protagonistas ha mejorado.  Por un lado, los 4 niños varones amigos siguen con su vida felices, pese a todo lo que tuvieron que pasar en el pasado, pues el grupo se ha unido más que nunca y, por otro, han ganado en amor propio tras demostrarle a todo el mundo la calidad de sus corazones.  Es cierto que supuestamente perdieron a su única amiga, pero aún son demasiado jóvenes como para volverse cínicos y amargados (en otras palabras, se han adaptado a los nuevos tiempos).  Cada uno de ellos tiene una razón particular para estar a gusto y dentro de poco la llegada de una nueva vecina y compañera de estudios (de su misma edad), les dará otro giro importante a sus vidas.
        Los adolescentes protagonistas de esta obra, por su parte, están cada vez más cerca de la adultez, pues las consecuencias de sus últimos actos sin duda que los han hecho cambiar, al punto de que ahora los vemos más seguros que nunca.  El descubrimiento del verdadero amor, como de la responsabilidad ante las decisiones tomadas, hace que a los 3 héroes adolescentes de esta historia, los conviertan en personajes tanto o más entrañables que sus compañeros de menor edad.  Se mantiene en parte el triángulo amoroso de la primera temporada, pero este poco a poco comienza a diluirse, cuando los destinos de estos terminan por definirse.
       En cuanto al mundo de los adultos, quizás la vida de los dos principales para la trama ha sido la que más ha cambiado, por cuanto se supone que niños y adolescentes podrían adaptarse mejor a situaciones extraordinarias (por tener menos experiencias previas y prejuicios), por lo tanto les ha resultado un mayor esfuerzo abrazar la existencia de lo sobrenatural y/o raro.  Y sin embargo, pese a todo, la valerosa madre y el sheriff se aprecian mucho más felices que antes, ya que la primera al haber recuperado a su hijo menor ha conseguido la estabilidad que le faltaba, mientras que el otro ha ganado una hija y con ello obteniendo un nuevo sentido para su existencia.
      La temporada parte con un grupo de personajes desconocidos, quienes en una escena de persecución que llena la pantalla de acción y promete otros misterios que resolver, los introduce dentro de la historia, como un capítulo olvidado del pasado de nada menos que de Once.   Estos nuevos integrantes del elenco no vuelven a aparecer hasta varios episodios más, para por fin sacarnos de la duda acerca de sus propósitos e identidad.   No obstante luego nos encontramos con la principal trama de este año, concerniente a una poderosa entidad que viene desde El Otro Lado, de la cual el chico que antes estuvo  atrapado en ese lugar, es el único que está consciente de su deseo de llegar hasta nuestra realidad; y es que el muchacho ha desarrollado la capacidad de ver/entrar a dicha zona.  Es así que deben evitar que un mal como este llegue a nuestro mundo, de modo que ahora no solo tenemos un solo monstruo, sino que esta vez los hay por montones, aparte del principal.
      Dentro de todo lo que pasa en esta segunda temporada, cabe destacar que por un lado Once lleva su vida aparte de la de sus amigos (si bien en contra de los deseos de estos 5 compañeros), lo que mantiene expectante al público de cuándo y cómo se volverán a cruzar los destinos de nuestros personajes favoritos.  No obstante, a falta de la presencia femenina de la jovencita con superpoderes, excelente resulta la incorporación de una nueva chiquilla al grupo: conocida como Mad Max (un genial homenaje a la famosa saga postapocalíptica del mismo nombre), resulta ser un personaje juvenil memorable más, quien para nada resulta una copia o sucedáneo de la otra niña.  Y es que Mad Max posee una personalidad por completo diferente y aun así tiene el tipo de virtudes que uno llega a apreciar en este tipo de pequeños (inteligente, ingeniosa, osada, “ñoña”, independiente y muchas, muchas otras cosas más).  A su vez, la llegada de esta jovencita nos lleva al desarrollo de otro triángulo amoroso, algo claramente entre sus pares, que se da de manera por completo distinta a la de los personajes adolescentes.  
     Mad Max llega acompañada de su supuesto hermano mayor, un adolescente del tipo “Soy rebelde-me gusta ser malo-y por eso soy macho”, quien de inmediato aparece como el antagonista humano más odiado de la temporada.  Su hosca personalidad contrasta con la del resto de sus coetáneos.  Los guionistas juegan con el público, al plantearnos que hay un gran secreto entre la muchacha y el vándalo, cuya naturaleza se mantiene velada hasta bien entrada la temporada.

Este año en la Comic Con me tocó estar junto a Amílcar en un Record de Guinnes:
La mayor cantidad de gente disfrazada de Once,

     Luego está el mundo de los adultos, siendo que al reencontrarnos con Winona Ryder, como la abnegada madre de los chicos Byers, da gusto encontrarla mucho más “mejorada” que el año pasado, cuando se le veía entonces demasiado demacrada y envejecida (¿Efectos de su renacimiento como actriz tras el éxito de Stranger Things o ello tiene relación con la misma verosimilitud de su propio personaje, que ahora tiene un mejor pasar?).  En este sentido, importante viene a ser la presencia de su novio, interpretado por otro actor bastante querido por los nostálgicos, el carismático Sean Astin (recordado por su papel protagónico en el clásico ochentero infantil de Los Goonies y por ser el adorable hobbit Sam de la trilogía de El Señor de los Anillos la década pasada); de conducta por completo ñoña, que lo acerca sin duda a los chicos y en especial al hijo menor de su amada, viene a ser todo un bálsamo para la dama, como un guiño más a esos gloriosos años ochenta que pretende emular esta serie (a ver quién se da cuenta del diálogo hecho por su personaje, cuando hace referencia indirecta al filme que le dio la fama).
      Si en la primera temporada tuvimos como villano al científico desalmado interpretado por Mathew Modine (otra estrella juvenil de los ochenta), miembro importante además de la oscura organización científica responsable de las mutaciones artificiales de Once y de que se hayan abierto los portales entre este plano y su versión negativa, en esta ocasión aparece otro investigador a cargo de dichos experimentos.  Lo interesante de este hombre, es que se trata de un sujeto mucho más humano que el anterior, lo que de inmediato hace que uno lo compare con su predecesor; de este modo, se deja de lado el recurso facilista de demonizar a toda la gente de ciencia, sorprendiéndonos además con este cambio entre los integrantes de dicha organización.  
          También cabe destacar la inserción de un periodista, quien anda buscando desnudar la responsabilidad de la misma organización científica, en los desastres del año pasado.  De personalidad irónica, responde a un estereotipo caro a historias como estas: la del investigador de la prensa que se involucra ideológicamente en descubrir la verdad, como una especie de héroe que no ceja en ir detrás de los poderosos corruptos.  Uno de los mejores momentos de esta temporada, los tiene este sujeto, junto a dos viejos conocidos.
     A mi parecer este segundo año del programa no es malo, no obstante no llega a ser tan entretenido y/o tan bien realizado como en su debut.  Quizás lo anterior se deba a que cuando se estrenó, la novedad y la nostalgia ochentera hizo que a uno le pareciera TAN FORMIDABLE y luego esperando su regreso, nos dejó con las más altas expectativas; luego, a menos que el guión fuese en verdad sobresaliente, difícil la tendría para contentar a todo el mundo.  Puede que parezca menos sangrienta, pese a que como ya se dijo más arriba, esta vez monstruosidades hay por montones.  No obstante la dirección de arte es preciosa, cuando se trata de mostrar El Otro Lado y a su vez el mencionado gran mal al que se enfrentan, no deja de recordarnos en parte a las pesadillas lovecrafnianas.  Asimismo volvemos a tener sus buenas dosis de humor, romance, referencias a la cultura pop de aquellos años, mucha aventura e intriga y harta emoción.  Por último, la estupenda banda sonora electrónica compuesta por Kyle Dixon y Michael Stein, acompañada por un montón de canciones de la época, ayudan a que ver y disfrutar de Stranger Things 2 sea algo para comentar con tus pares.

Icónico momento de los chicos vestidos como los Cazafantasmas en Halloween.

                                      La espectacular intro (pese a su sencillez) de la serie.

jueves, 30 de noviembre de 2017

La Liga… ¡Del Aburrimiento!


      Tras un filme de la calidad de Wonder Woman, que logró contentar tanto a la crítica como al público (sin olvidar a la mayoría de los ñoños amantes de los cómics y en especial de su protagonista, Wondy), era de esperarse que el filme de la Liga de la Justicia estuviese a este mismo nivel.  Luego de que los eventos de Batman versus Superman nos dejaran claro de que se venía un filme sobre el grupo de superhéroes más famoso de DC, la citada cinta acerca de este equipo era sin dudas una de las producciones que más expectantes tenía a la gente…Hasta que se estrenó hace poco más de unas semanas atrás y pudimos comprobar el resultado del tiempo (y la plata) invertido en ello.
        La verdad es que cuando se es un lector de las historietas relacionadas y más encima se conoce a sus personajes, tras haber contemplado el filme en cuestión resulta difícil no compararlo con lo hecho en Marvel, en especial en lo que concierne a lo realizado por Disney (y es que por lo general quienes leen/ven estas historias, gozan tanto con las de DC, como de aquellas propias de la Casa de las Ideas).  Y al respecto, tras evaluar lo hecho por los responsables del reciente estreno deceísta, sin dudas que este mismo queda bastante desmejorado.  
        Yendo directo al grano, Liga de la Justicia es una cinta deficiente, que al querer ser más “livianita” que sus predecesoras (acusadas en su momento de demasiado “oscuras”), ha perdido fuerza en su desarrollo, presentando una historia simplona y que apenas se sostiene a través de las escenas de acción y uno que otro chiste ingenioso.  Y al respecto cuesta creer que su coguionista y el encargado de su postproducción, fuese alguien como Josh Whedon, el mismo director y escritor de las exitosas dos películas de Los Vengadores.  Con el currículo como el suyo, uno hubiese esperado que su contribución a esta obra más reciente respetara los cómics sobre el origen de la Liga.  Si los también llamados Héroes más poderosos del Planeta contaron con nada menos que Loki como enemigo (tal como en el cómic inicial de los sesenta) y luego con otro de sus grandes rivales, la inteligencia artificial sofisticada de Ultron, era de esperarse que en esta primera aventura el grupo de DC contara de igual manera con un villano de peso; así que si no aparecía la estrella extraterrestre gigante Starro el Conquistador dentro de la trama (el primer contrincante al que se enfrentaron en las viñetas como equipo), era de suponer que fuese contra Darkseid que los justicieros tuviesen que luchar (tal como en el reinicio de la Liga de la Justicia con los Nuevos 52).  Y si no era ninguno de estos otros 2, al menos podrían utilizar a una rica gama de candidatos de grueso calibre, para convertirlo en toda una amenaza para la humanidad. 


       
          Y sin embargo, al final optaron por un villano apenas conocido por los fanáticos, tan solo visto en 1 o 2 episodios de Batman el Valiente: Steppenwolf.   De hecho, un servidor con todo lo que ha leído al respecto, nunca se ha encontrado con su figura en historia alguna.  Miembro de los Nuevos Dioses, seres casi inmortales y de un poder enorme, fue creado por Jack Kirby en los setenta dentro de su serie clásica del Cuarto Mundo.  Es tío de nada menos que de Darkseid, el soberano dictador del infernal planeta Apokolips.  Al aparecer este en la cinta y más encima verse un montón de parademonios (horrorosos soldados voladores de su mundo), yendo detrás de las Cajas Madres (máquinas sintientes utilizadas por los Nuevos Dioses con varios propósitos, entre ellos para abrir portales de un lugar a otro), uno de lo más bien que puede llegar a creer que en algún momento saldrá Darkseid…Y en contra de las esperanzas, si bien se le menciona un par de veces, no es así.  Pero aparte de que sea toda una decepción esta elección, si al menos le hubiesen dado una personalidad más carismática y/o un desarrollo más atractivo a sus motivaciones para el mal (tal como sí sucedió con  Ares en el filme sobre la princesa amazona), su participación habría sido más interesante.
      Luego tenemos otro punto que los entendidos en cómics DC o al menos quienes solo vieron Batman versus Superman, teníamos muchas ganas de saber cómo se presentaría en este largometraje: la resurrección del kriptoniano, tras su heroica muerte en esta otra cinta.  Al tratarse de un ser de tan extraordinario poder, cuando esto sucedió en las revistas en los años noventa, se hizo de una manera por completo verosímil para la ficción misma de su cronología…Y si bien una película es una adaptación de los cómics, por lo que no se puede esperar un calco al material en el que se inspira (tal como pasa con las versiones audiovisuales de obras literarias), al menos sería conveniente que la visión personal de los responsables le hiciera honor a la fuente de todo; que en este caso la resurrección del Hombre de Acero, resulta forzada o propia del recurso facilista del Deux ex Machina.
      Superman a su vez aparece solo bien pasada la primera mitad del metraje (que más encima redujeron a solo 2 horas y que según se dice, todo el material eliminado podría haberla mejorado con un mejor montaje) y sin embargo en los créditos aparece su intérprete, el guapo Henry Carvill, en segundo lugar luego de Ben Afleck (Bruce Wayne/Batman); mientras que la encantadora Gal Gadot (Diana/Wonder Woman) sale en tercer lugar y eso que esta tiene mucho más escenas que su colega.   Si bien esta saga comenzó con El Hombre de Acero, con el mismo Carvill de protagonista, alguien ya con una participación destacada en esta serie de películas (y con mucho más metraje en pantalla en la presente Liga de la Justicia), bien merece estar antes que su colega en dichos créditos.  Un detalle como el anterior parece machismo encubierto y si quisiesen ser justos, tal como en los cómics con team-ups o en las revistas dedicadas a la llamada “Trinidad DC” (Batman/Superman/Wonder Woman), deberían haber puestos a sus 3 actores principales juntos y no por separado en los créditos respectivos.
        Luego están los cambios hechos con Flash y Acuaman, que ya sabíamos de antemano debido a lo exhibido en Batman versus Superman.   De la apariencia polinésica del segundo ya me había terminado por convencer, más considerando el aspecto imponente de Jason Momoa, el actor que cumple dicho rol en estas cintas y quien en todo caso realiza su trabajo con solvencia (además de que igual promete esta versión del príncipe atlante, que vendrá el año que viene con una película por completo dedicada a él).  Sin embargo, es con la versión “juvenil” del más célebre velocista deceísta que tengo mis reparos: la verdad es que visualmente un tipo desgreñado, flaco, con un traje que no puede ser más feo y que más encima lo ponen como el “bromista” del grupo, me parece por completo lejos de la imagen que poseo de alguien como Barry Allen.  Pues cómo lo presentan, hasta cierto punto en el guión, su personalidad bromista y ligera corresponde más bien a la de Wally West, el sobrino de Allen y el tercero en tomar el nombre de Flash en el universo DC.  Para algunos la actuación de Ezra Miller como el Corredor Escarlata resulta más que aceptable, no obstante a un humilde servidor el personaje le parece caricaturesco y da la impresión de que ante el afán de competir (y más bien imitar) los éxitos marvelitas cinematográficos, en este caso teniendo en cuenta la saga de los X-Men de Fox, quisieron hacer algo parecido con el sí simpatiquísimo Quicksilver de estas producciones (al menos, no cayeron en el error de imitar los efectos especiales usados en estas películas para representar sus poderes).  

       
        Con respecto a Ciborg, acá aparece como un sujeto demasiado serio y/o grave, lo que contrasta con el mencionado Flash.  Al respecto su actitud pesarosa, casi con un sentimiento de culpa y hasta existencialista, lo convierte en el miembro de esta Liga de la Justicia más oscuro, algo que para nada sucede con el Ciborg de los cómics (un verdadero líder más encima).
        Como algo positivo, no se puede dejar de agradecer el reencuentro con 4 personajes ya queribles para la vieja audiencia de estos filmes: en primer lugar aparece nada menos que la reina de las amazonas, Hipólita, la madre de Diana, quien por supuesto está acompañada de otras guerreras de Themyscira.  Luego destaca la participación de Alfred, interpretado una vez más por un maestro como lo es Jeremy Irons (quien sin duda se “roba la película” en sus escenas y en especial con sus diálogos irónicos).  Asimismo, la hermosa versión actual de Louise Lane (bajo el desempeño de la talentosa Amy Adams), también viene a ser un grato para quienes ya la conocemos.  Para finalizar, la madura y aún guapa Diane Lane se repite el papel de Martha Kent, con otros buenos momentos a su haber.
       Por otro lado, entre los buenos agregados que encontramos está la participación de otro gran histrión ligado a las adaptaciones de cómics de superhéroes: J. K. Simmons, quien recordado por su papel como el irascible J. Jonah Jameson en la trilogía de Spider-Man de Sam Raimi, ahora toma para sí el rol de otro personaje famoso de las historietas, nada menos que del comisionado Gordon (importante aliado y amigo de Batman y quien en la trilogía de Nolan sobre el Cruzado Enmascarado, estuvo a cargo de otro artista de peso como lo es Gary Oldman).  Es de esperar que a futuro, en la película que se ha anunciado con este actual Batman a cargo de Ben Afleck, tenga mayor participación.
        Tampoco se puede ignorar la colaboración de un maestro de la música como Danny Elfman, quien desde su participación en la primera película de Batman hecha por Tim Burton, ha trabajado en varios largometrajes relacionados con este tipo de cómics (las dos primeras cintas de la trilogía de Raimi sobre el Trepamuros, el filme sobre Hulk de Ang Lee y Los Vengadores: La Era de Ultron).  Pues como es habitual en él, acá ha hecho algo para nada despreciable, si bien ante un filme tan irregular como este, en mi caso fui incapaz de disfrutar de sus melodías para esta obra (tendré que escuchar por separado el disco, que lo descargué hace poco).  Me gustó mucho que en determinado momento se utilizara parte de su ya clásica partitura para la primera cinta del Señor de la Noche ¿Un autohomenaje? Igual en determinado momento su ocupó parte de la banda sonora de Hans Zimmer para El Hombre de Acero, por supuesto al aparecer en pantalla Superman.  No recuerdo si en el caso de Wondy se usó de igual manera uno de sus temas ahora característicos.
         Hay 3 escenas postcréditos, una de ella como concesión a la ya reconocida competición entre Flash y Superman, mientras que la última, la promesa de un nuevo peligro en el caso de que haya una nueva secuela…Pero… ¿Y qué pasó con Darkseid? La verdad es que a mi parecer cualquier capítulo de esa joyita, que es la recordada serie animada hecha por Paul Dini y Bruce Timm la década pasada, correspondiente al cartoon Liga de la Justicia o las mismas películas hechas directamente para la venta en DVD o blu-ray, resultan ser mucho mejores que este largometraje de presupuesto multimillonario y simplón.   Bueno, luego de haber disfrutado de tantos argumentos sofisticados sobre mi grupo de superhéroes favoritos (en cualquiera de sus formaciones) y haber tenido el gusto de contemplar lo hecho por parte de Marvel, algo como esta propuesta de DC, por supuesto que a más de uno lo deja muy decepcionado.  Queda al menos la ilusión de que en un futuro cercano todo mejore y que los cameos del cuerpo de los Linterna Verde en determinado momento del metraje, sean la constatación de un reboot cinematográfico sobre los Guerreros Esmeraldas.


                                             Tráiler N° 1 (otro que promete más de la cuenta).

martes, 28 de noviembre de 2017

Los blogueros que admiro. Sexta parte: El Zoco de Lakkmanda.


Presentación: 

     Hace más de dos meses que no subo una entrevista de esta serie a la que le he tomado mucho aprecio, en especial por la oportunidad que me han dado mis "colegas" al confiarme la entrada a su mundo personal y poder compartir en mi propia página tantas maravillas suyas.  Por otro lado, en la práctica ya no me queda gente por entrevistar, que en la práctica he perdido contacto con buena parte de los blogueros que seguía, por una u otra razón (a veces algunos han dejado de actualizar sus páginas lamentablemente).
      Hoy tengo el enorme gusto de presentarles a otra persona que admiro mucho, a Alejandro Caveda, quien desde la Madre Patria lleva años trabajando con pasión en esto de la divulgación de ideas e impresiones a través de su blog.  Supe de su trabajo y de su persona hace tiempo ya, cuando me dispuse a buscar otros como yo en la blogósfera, con intereses en común; de este modo tuve la buena suerte de encontrarme con Alejandro.  Valoro, entre otras cosas, sus enormes conocimientos en cómics, puesto que los textos que ha escrito al respecto nunca dejan de motivarme a leer los títulos que recomienda; asimismo, ha sido la persona que más me ha inspirado a la hora de escribir mis propios posts al respecto, que dentro de quienes abordan este tipo de arte en un blog, me parece el mejor de los que he leído.  Por supuesto que Alejandro es mucho más que historietas y bien lo podrán comprobar quienes lean esta entrevista, como quienes se adentren en  su ZOCO DE LAKKMANDA.



1- Preséntate en no más de 200 palabras.

     Aprovechando la definición que pone en mi perfil, «Educador, bloguero, fotógrafo aficionado y escritor a ratos libres, el resto de mi vida es un espacio en blanco entre líneas.

2- Cuéntanos acerca del origen de tu página y de su particular nombre.

     Buena pregunta. El Zoco de Lakkmanda es un homenaje al ciclo de historias de Norwest Smith, escritas por C. L. Moore. De hecho, en el Zoco de Lakkmanda tenían lugar algunas de las aventuras más exóticas del personaje.

3- ¿De qué trata tu blog?

     Un poquito de todo, pero me gusta considerarlo como un rincón dedicado al mundo del comic, la ciencia ficción, el cine de género, la literatura y la música, además de la nostalgia y otros vicios inconfesables

4- ¿Qué satisfacciones te ha traído lo que haces?

     Personal, sobre todo. Poder escribir por gusto y sobre lo que realmente me gusta, conocer a gente con gustos y aficiones similares a las mías, y que en ocasiones hasta te feliciten por el trabajo bien hecho, resulta muy gratificante en más de un aspecto.

5- ¿Cuál es la cercanía de tu gente (pareja, familia, amigos…) con tu labor en EL ZOCO DE LAKKMANDA?

     Poca... es curioso que de la gente que conozco, la mayoría no saben que tengo un blog, y muchos de los que lo saben tampoco me leen. Supongo que nadie es profeta en su propia tierra, o quizás es que aquí, en España, todo el mundo tiene un blog y ahora lo que se lleva es ser Yutuber, Influencer y otras cosas por el estilo. Sin embargo, mi familia es bastante comprensiva con mi «mania» de escribir y siempre respetan cuando tengo un momento de inspiración y agarro el portátil para ponerme a trabajar.

6- ¿Cómo es el proceso que tienes por lo general para escribir y subir un nuevo post?

     Depende. A veces tengo la idea en la cabeza desde hace tiempo, y le doy muchas vueltas para organizarla y desarrollarla lo mejor posible. Otras veces se me ocurre sobre la marcha y tengo que ponerme a ello en seguida para escribirla de un tirón. La inspiración puede venir de cualquier cosa en cualquier momento: algo que este leyendo, una frase suelta, una imagen fugaz... A veces, las ideas más locas y espontáneas son las mejores.

7- ¿Cómo equilibras el resto de tu vida y con tu trabajo para la página?

     Como puedo, aunque no siempre es fácil. Crecer es cargarse de compromisos, responsabilidades, y el tiempo libre es el que más se resiente por lo general. Pero intento no dejar el blog de lado, porque en cierto modo es una parte de mi, sería como renunciar a mi vocación o a cualquier otra de mis aficiones: un duro sacrificio.

8- ¿Qué autores lees en narrativa y/o cómics? Expláyate lo que quieras.


     Otra buena pregunta. Últimamente estoy volviendo a los clásicos, vivo sobre todo de reediciones de sagas y series de los años sesenta y setenta, como el Shang Chi de Moench y Gulacy, o el Sargento Furia & Nick Furia, agente de SHIELD de Stan Lee, Jack Kirby y Jim Steranko. Sin olvidarnos del Spider Man de Gerry Conway y Ross Andru, o el Batman de Steve Englehart y Marshall Rogers. En la actualidad estoy siguiendo la macrosaga de Imperio Secreto (más que nada, por las series centrales del Capitán América, que me parecen las más interesantes).  Mientras que de DC me atrae todo lo del proyecto Rebirth, en especial las series de Batman o crossovers como «La chapa». En general, con el cómic moderno me siento perdido, demasiados reboots, demasiadas series, demasiados cambios, hay personajes que ya no reconozco y me cuesta empatizar con ellos. Supongo que por eso acabas volviendo a lo conocido, a los comics que leías durante la infancia y que te marcaron durante la adolescencia.

9- ¿Qué películas y/o series recomiendas? Danos tus razones.

    Cualquiera de Ridley Scott, que es mi director favorito. El Episodio VIII, por supuesto, para saber cómo evoluciona el universo de Star Wars en la nueva era Disney. Las nuevas temporadas de Expediente X y Twin Peaks, por nostalgia. Series de ciencia ficción como The Expanse, Los 100, Sense 8 u Orphan Black, por poner varios ejemplos. A veces veo una serie o película porque me gusta alguno de sus intérpretes, como es el caso de Michelle Jenner (mi actriz favorita) o Tom Hiddleston. Como en cómic, mis gustos cinematográficos son más bien clásicos y me gusta mucho el cine de la década de los setenta y también el de los ochenta, cuando muchas películas de serie B eran tan buenas (si no mejores) que el cine mainstream. Esas décadas nos dejaron lo mejor de gente como Scott, Lynch, Scorsese, Spielberg, Coppola, Cimino, Reimi y tantos otros que con el tiempo se han vuelto un poco más previsibles o complacientes.

10- ¿Alguna entrada favorita de los que has publicado? ¿Por qué?

    Uff, qué difícil... Por motivos sentimentales, le tengo mucho cariño al artículo que escribí sobre Tim Powers, también los dedicados a Roger Zelazny y Ray Bradbury, o a la película «No tengas miedo» (2011) de Montxo Armendáriz, que es uno de mis cineastas de referencia (y además, un excelente fotógrafo: tendríais que ver sus fotos en Instagram). Ahora mismo estoy escribiendo uno sobre el cine histórico de Ridley Scott, no sobre toda su trayectoria, si no centrándome en ese género en particular. Espero que a la gente le guste tanto leerlo como a mi escribirlo.

11- Háblanos acerca de tus propias ficciones.

     Llevo escribiendo relatos cortos desde los noventa, alternando entre diversos géneros y personajes. Al principio era reacio a publicarlos en el blog, porque mi ilusión era verlos en forma de libro, aunque fuese electrónico, porque los escribí con esa idea en la cabeza. Además, ya se sabe que la gente piensa que lo que está en Internet es de todos y que el que comparte algo renuncia a sus derechos, y es mentira. Yo registro mis historias en Safe Creative antes de publicarlas en el blog, para que si alguien desea enlazar, compartir o reproducir parcialmente la autoría y el origen queden bien claros. El mundo digital no tiene por qué ser una patente de corso para el plagio o la vulneración de los derechos de autor.
      A día de hoy debo llevar más de una veintena de relatos publicados. Creo que tienen un público diferente al de artículos y reseñas, y viceversa. Hay gente que mientras publico relatos no me lee y otros que, por el contrario, no paran de preguntarme cuando subiré la continuación de tal o cuál historia. En ciertos momentos, cuando estoy sobrecargado de trabajo, me son muy útiles, porque un relato puede ocupar entre cuatro y seis entradas del blog, y entretanto me deja el tiempo libre para corregir u otras actividades. Tengo varios en cartera para ir dándoles salida a lo largo del 2018, ¡veremos que opinan los seguidores del Zoco cuando los lean!

12- Para finalizar… ¿Qué le dirías a tus futuros lectores para animarlos a adentrarse en el Zoco de Lakkmanda?

     Esa es la pregunta más difícil de todas, por lo que tiene de narcisista y autobombo, pero supongo que les diría que si les apasiona el mundo del cine, el comic, la música y la literatura de género, somos espíritus afines, y aquí (en el Zoco) encontrarán muchos ejemplos de ello. Ojalá que quien se deje caer repita, porque eso será señal de que estamos en la misma onda.
     Un saludo cordial y muchas gracias por leer(nos).

Alejandro participando como experto en el lanzamiento de un libro.

domingo, 26 de noviembre de 2017

La aventura más famosa de Sherlock Holmes.


     Increíblemente en la novela más célebre del detective creado por Sir Arthur Conan Doyle, El Sabueso de los Baskerville (también traducida en nuestra lengua como El Perro de los Baskerville y El Mastín de los Baskerville), Sherlock Holmes apenas aparece.  Y es que durante gran parte de su desarrollo Watson, el mejor amigo del investigador y narrador testigo de sus historias, lleve la batuta de la acción en medio de una trama llena de intriga y misterios. Más encima, estamos hablando de una obra a que se acerca a la literatura de terror, otro estilo narrativo en el cual su autor se destacó, detalle no insignificante.
       Publicada entre 1901 y 1902 en entregas por medio de una revista, corresponde a la tercera novela del ciclo, luego de Estudio en Escarlata y El Signo de los Cuatro.  En ella nos encontramos con una maldición que pesa durante varios siglos sobre la familia de los Baskerville, que a varias generaciones ha llevado (según cuenta la leyenda), a una muerte horrenda a sus miembros.  Es así que un enorme perro negro de apariencia monstruosa y/o infernal, se les ha aparecido en campo abierto a sus víctimas, trayéndoles mortales consecuencias.  Cuando muere el más más anciano heredero de la fortuna a consecuencia de la bestia, es contratado Holmes para descubrir la verdad de todo esto, de modo de evitar que el siguiente en la línea de sucesión, un joven hombre que recién viene integrándose a los laberintos de su rancia alcurnia, tenga el mismo destino.  Debido a esto Watson es enviado por su amigo a proteger a su cliente, yéndose a pasar una temporada en su nuevo hogar, hasta que el detective consiga descifrar los misterios que pesan sobre la dinastía de su cliente.  Por otro lado, el buen doctor llega a hacer buenas migas con el reciente rico, poniendo su propio granito de arena a la hora de resolver los enigmas del lugar.  Por lo tanto, el protagonismo pasa al médico, quien queda declarado como un hombre valiente y como alguien con sus propios medios, para sobresalir entre tanto sujeto extraordinario en las aventuras de esta saga.
        Teniendo en cuenta el argumento de esta obra, que durante buena parte de su extensión mantiene a todo el mundo en vilo (personajes y lectores), acerca de la verdadera naturaleza del monstruo (sobre si este es real o no y si tiene un origen sobrenatural), el talento de su autor queda más claro que nunca, gracias a la ambientación que le otorga a la ficción.  Por un lado, tenemos que los territorios en los que se encuentra la mansión a la que se ha ido a vivir el juvenil Baskerville, no pueden ser más aterradores por sí mismos: Es así, que la misma construcción se encuentra en un sitio apartado de la ciudad y sus vecinos están lejos unos de otros, todo en medio de un paisaje de lo más agreste, pese a que en la zona impera lo natural.  De igual manera se encuentran una serie de ruinas ancestrales, que  más allá de su atractivo turístico y/o cultural, acentúan la atmósfera siniestra e insana de todo.  

       “Cuanto más tiempo se pasa aquí, más profundamente se mete en el alma el espíritu del páramo, su inmensidad y también su terrible encanto. Tan pronto como se penetra en él, queda atrás toda huella de la Inglaterra moderna y, en cambio, se advierte por doquier la presencia de los hogares y de las obras del hombre prehistórico. Se vaya por donde se vaya, siempre aparecen las casas de esas gentes olvidadas, con sus tumbas y con los enormes monolitos que, al parecer, señalaban el emplazamiento de sus templos. Cuando se contemplan sus refugios de piedra gris sobre un fondo de laderas agrestes, se deja a la espalda la época actual y si viéramos a un peludo ser humano cubierto con pieles de animales salir a gatas por una puerta que es como la boca de una madriguera y colocar una flecha con punta de pedernal en la cuerda de su arco, pensaríamos que su presencia en este sitio está mucho más justificada que la nuestra. Lo más extraño es que vivieran tantos en lo que siempre ha debido de ser una tierra muy poco fértil.”

        Luego tenemos una serie de personajes secundarios propios de este título y quienes sin dudas que están caracterizados de manera tal, que no solo parecen sospechosos, sino que son descritos como sujetos cuyos secretos y conductas que acentúan la duda en ellos.  Dentro de estos encontramos a:

Jack Stapleton: Uno de los vecinos más cercanos de los Baskerville, quien es un naturista que vive junto a su hermana, a la que recela demasiado.  La afabilidad con el resto se nota a lo lejos como algo falso, pues en realidad este no es alguien de fiar.

Beryl Stapleton: La hermana del anterior, corresponde a un estereotipo y rol femenino que tanto forma parte de la sociedad victoriana en la que fue escrita esta obra, como a uno que se repite en esta novela: el de la mujer que se ve obligada a depender del patriarcado y que por ello no es libre, pese a que su espíritu es el de alguien que desea ser autónomo.  En secreto inicia un romance con el joven Sir Henry Baskerville.  

John y Eliza Barrymore: Matrimonio que lleva años sirviendo a la familia de los Baskerville, quienes actúan con humildad para recibir y atender a su nuevo empleador.  La mujer llora en las noches, lo que despierta la preocupación acerca de cuál es la razón de todo ello; asimismo el marido tiene ciertos comportamientos, que despiertan interrogantes acerca de su misma virtud.

Laura Lyons: Mujer de origen acomodado que lamentablemente cayó en desgracia por tener un padre desnaturalizado y, por otro, debido a un matrimonio que contrajo con otro hombre, tanto a más desalmado como su progenitor.  Es pieza clave en todo el misterio que hay en torno a la muerte del viejo Baskerville.  Su triste situación judicial y familiar, es un muy buen ejemplo a la hora de representar bien lo que ya se afirmó más arriba, respecto a la posición de muchas mujeres de “sociedad”, que pese a todo no eran libres en una comunidad que se jactaba de moderna.

Selden: Criminal violento con un prontuario bastante grande a cuestas, quien se ha escapado de prisión y anda suelto por la misma zona en la que transcurre buena parte de la historia. Su presencia se constituye en otra preocupación para el resto de los personajes.  En un determinado momento de la novela, se revela su relación con uno de los ya mencionados.  

      En el libro aparece un viejo conocido de las aventuras de Sherlock Holmes, el inspector Lestrade, quien hacia el final sale en escena y deja clara la amistad que hay entre ambos, pese a que anteriormente fueron rivales.   Cabe mencionar cómo este ejemplo acerca de la evolución de la relación entre estos dos, siendo que el segundo veía antes al otro con malos ojos, como un competidor y hasta cierto punto movido por la envidia ante los más eficaces logros de Holmes (siendo que más encima este era solo un “aficionado”, a la hora de resolver crímenes y no un profesional como él), evidencia un tema fundamental en la obra de Conan Doyle dentro de sus trabajos para el famoso detective: la férrea amistad entre varones, más encima entre sujetos tan distintos en muchos aspectos y que tiene su mayor ejemplo en la fraternidad entre Holmes y Watson.  Asimismo que el policía y el detective hayan conseguido superar sus originales desavenencias, no es un detalle menor a la hora de evaluar la importancia que se le da en estas narraciones, a un tópico que tanto ha sido abordado entre los clásicos literarios.  Por otro lado, regresando al buen doctor Watson, no deja de ser admirable su lealtad hacia su compañero, este otro lejos mucho más inteligente que él y quien en ocasiones incluso llega a ser demasiado condescendiente con el médico, ante cierta inocencia suya, lo que en otros podría provocar malestar.  Por ende, ya sea en esta amistad viril u otras de las que aparecen en esta novela, queda de manifiesto la complementariedad que llega a darse entre sus partes (igual no deja de llamar la atención, quizás como una falta a la verosimilitud de la ficción, que Watson en ningún momento duda en dejar de lado sus obligaciones médicas, para acceder a la solicitud de Holmes de irse un tiempo junto al baronet Baskerville). 
      Por supuesto que no se puede olvidar la presencia misma del sabueso, el que es descrito de manera más bien sugerente, que de manera detallada.  Esto, puesto que el tema del misterio, de una leyenda que impregna buena parte del argumento de esta obra, hace que la propia criatura no aparezca tanto como se esperaría.  Y es que ningún momento hay que olvidar, de que no se trata de una ficción en la que lo sobrenatural es un tema relevante (por mucho que el autor también haya sido un maestro al respecto), sino que la figura de este ser viene a ser una manifestación más del misterio, que a una mente privilegiada como la de Holmes pone a prueba ¿Cuál es la verdad? En este texto sobresale debido a la maldición de los Baskerville y varios de los personajes ya mencionados, la noción de que nada es lo que aparenta a primera vista y no solo estamos refiriéndonos a las consecuencias de actos despreciables, propios de gente sin escrúpulos, sino que hasta las personas más nobles están obligadas a mentir por razones superiores.  De este modo, el mismo sabueso es otra manifestación de aquello que está oculto a los ojos de los demás y que solo la perseverancia y astucia de alguien como Sherlock puede llegar a descubrir en su naturaleza más íntima.

       “Era un sabueso, un enorme sabueso, negro como un tizón, pero distinto a cualquiera que hayan visto nunca ojos humanos. De la boca abierta le brotaban llamas, los ojos parecían carbones encendidos y un resplandor intermitente le iluminaba el hocico, el pelaje del lomo y el cuello. Ni en la pesadilla más delirante de un cerebro enloquecido podría haber tomado forma algo más feroz, más horroroso, más infernal que la oscura forma y la cara cruel que se precipitó sobre nosotros desde el muro de niebla.”

       Teniendo en cuenta lo expuesto en el párrafo de más arriba, no se puede dejar de lado la exposición que hace esta obra acerca de la existencia del mal, no como algo de tipo sobrenatural, sino que como una dimensión netamente humana y que, lamentablemente, resulta ser inherente a nuestra especie.  Pues no se debe olvidar que el origen en sí del monstruoso can, tiene que ver justamente con la figura de un antepasado famoso por su ruindad y que por lo tanto corresponde al llamado “castigo divino o superior” por las atrocidades humanas.  Sin embargo, no se puede olvidar que  teniendo en cuenta las distintas bajezas que se mencionan en las páginas de esta novela, cometidas por más de una persona (de todo tipo de violencia), sin dudas que estamos frente a un libro con un fuerte sentido moral: pues no quepa duda en su desarrollo que mientras las malas acciones tienen su consecuencia punitiva, hacia el final también se presenta en esta obra (otra mirada a la lucha entre el bien y el mal), que las buenas acciones tampoco dejan de tener su justo merecido.

Afiche de una de las tantas adaptaciones audiovisuales de esta obra,
con Peter Cushing, uno de los más famosos Sherlock Holmes de carne y hueso
(y con otro grande de coprotagonista más encima: Christopher Lee)

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